Zygmunt Baumann. La modernidad liquida, nuevo espacio cultural contemporáneo

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1. Aproximación a lo líquido

Se ha convertido Zygmunt Bauman1 (Poznan, Polonia, 1925-Leeds, Reino Uniodo, 2017) en uno de los más importantes y significativos analistas sociales y culturales de la actualidad. Desde finales de la década de 1980 ha sido ampliamente conocido por su notable habilidad para poner de relieve las cuestiones clave contemporáneas, así como por su productividad académica asombrosa, escribiendo una prodigiosa cantidad de libros y artículos. Nos dejaba a comienzos de este año 2017, y podemos decir sin duda plausible, que es modelo del pensar sobre estos tiempos posmodernos que vivimos.

El reconocimiento de su importancia, comenzó con la pionera concepción de Bauman sobre la postmodernidad, siendo uno de los primeros analistas sociales y culturales en abordar seriamente la posibilidad de que algo había cambiado de modo profundamente fundamental en nuestra concepción del mundo, en nuestra forma de vida y en la manera de situarse el ser humano contemporáneo en la realidad social y cultural, con el auge de las políticas neo-liberales en Occidente en la década de los años ochenta, y más concretamente con el definitivo colapso del socialismo real, que cristalizó en la caída del muro de Berlín en noviembre de 19892.

Sin embargo, a decir de Luis Arenas3, que comenzase pensando sobre la posmodernidad, no ha de llevarnos a confundirle con un pensador posmoderno: «Digámoslo ya: Bauman es sin duda un sociólogo de la postmodernidad, no un sociólogo postmoderno. Y lo que precisamente lleva a Bauman a rechazar una aproximación postmoderna al campo de lo social es su voluntad de mantener el impulso crítico que a su juicio debe alimentar toda teoría social digna de tal nombre». Bauman señala cómo a su juicio el compromiso de la sociología es indisociable de la responsabilidad por las elecciones humanas y sus consecuencias en esa incansable tarea de dar forma a nuestra humanidad: «Creo que ser sociólogo significa hacer de esa responsabilidad de dar forma humana a nuestras sociedades nuestra vocación »4. Su comprensión de la sociología es clara, para él, no puede ser una disciplina neutral, sino que siempre es parte la construcción del mundo, y de un determinado mundo5.

Y es que Bauman, en medio de otros sociólogos y pensadores que abordaban todo ese nuevo escenario, con su novedad y sus posibilidades, se caracteriza en sus obras por una especial sensibilidad de la que a menudo carecían los trabajos de otros6, precisamente ese posicionamiento ético. En medio de las muchas aportaciones que se daban ante el debate sobre la posmodernidad, Bauman se centró decididamente en cuestiones de carácter ético –esa voluntad por mantener el espíritu crítico que mencionaba el prof. Arenas- ante el contexto de los nuevos tiempos, si bien autores especializados en su obra, no dejan de señalar que, Baumann «no ofrece teorías o sistemas definitivos, se limita a describir nuestras contradicciones, las tensiones no sólo sociales sino también existenciales que se generan cuando los humanos nos relacionamos»7. «Bauman reclamará para las ciencias humanas y, en particular para la sociología crítica, un modelo hermenéutico. La hermenéutica sociológica de Bauman estará menos interesada en salvar a toda costa la precisión de sus resultados que en considerar la relevancia de esos hallazgos para la experiencia de lo que significa ser un ser humano»8.

Aunque ciertamente, quizás por eso –su tinte ético-crítico, y su línea poco sistemática- es por lo que Baumann ha llegado a ser conocido más allá del ámbito especializado, y a salir del a priori reducido espacio académico, para ser un autor leído, comentado y conocido, si no por el gran público, al menos sí por el público culto general, concediendo entrevistas en diarios, ocupando páginas en las revistas dominicales, y desde luego recibiendo multitud de premios, tanto académicos especializados como de otro tipo.

Es debido, ese general –aunque sea superficialmente- conocimiento de nuestro autor y de su obra, probablemente también a la centralidad que en sus últimos trabajos ha tenido la consideración de lo líquido, expresión afortunada y sumamente gráfica, que es de la que partimos para caracterizar las claves centrales del pensamiento de Zygmunt Baumann.

La idea de «modernidad líquida» ha ido abriéndose paso poco a poco hasta instalarse como una de las metáforas favoritas de nuestras sociedades para intentar comprender reflexivamente nuestro mundo de vida circundante. «La imagen de un ‘mundo líquido’ ha prendido en el imaginario de unas sociedades que parecen haber hallado en esa idea una manera de entender algunos rasgos de nuestro tiempo pero también una explicación al difuso malestar que acompaña a su insultante riqueza económica y su intimidatorio desarrollo tecnológico»9. Es así, que desde la década de los noventa, Bauman vino haciendo un minucioso y exhaustivo análisis de las implicaciones sociales del tránsito de la fase sólida a la fase líquida de la modernidad. Apenas hay un tema sobre el que no haya depositado su reflexión: la ética, la globa-lización, el consumo, el individuo, el trabajo, la utopía, el arte, la ciudad, el amor, la muerte, el sexo, los extranjeros, la comunidad, la identidad… «Todos y cada uno de esos temas son diseccionados una y otra vez ofreciendo una perspectiva del mundo actual voluntariamente asistemática pero al mismo tiempo precisa y extremadamente coherente”10. Dice Bauman al respecto: “En todos mis libros constantemente entro en la misma habitación, sólo que entro por diferentes puertas, de modo que veo las mismas cosas, los mismos muebles, pero desde una perspectiva diferente»11.

La «modernidad líquida» es una imagen ya decimos que creemos profundamente afortunada, para dar cuenta del cambio y de la transitoriedad que marca nuestra realidad a decir de Bauman. “Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados12”.

Pero, para el interés de nuestra asignatura, aunque más adelante se caracteriza la transición, señalaremos ahora que esa «modernidad líquida» es en sí, una evolución, una transformación de lo que, por contraste, podríamos llamar la «modernidad sólida», a la que dedicó una muy importante trilogía con Legislators and Interpreters (1987), Modernity and the Holocaust (1989) y Modernity and Ambivalence (1991). De estos tres libros, sin duda el que marcará un punto de inflexión en su trayectoria será Modernidad y Holocausto, galardonado ese mismo año con el prestigioso Premio Europeo Amalfi de Sociología y Ciencias sociales concedido por la Asociación Italiana de Sociología, y que fue una muy criticada obra, pues frente a la clásica consideración –desde Adorno y Horkheimer- de contemplar el holocausto como una consecuencia del pensamiento moderno ilustrado, Bauman proponía considerarlo como una ‘deformación’ de algunas ideas modernas, como la de pureza, señalando así mismo, la accidentalidad de las víctimas judías, y con ello haciendo reflexionar sobre el peligro de que víctimas o verdugos, en el fondo, no son sino fruto de una serie de concatenaciones de decisiones demasiadas veces erradas13.

Sea como fuere el paso de lo sólido a lo líquido, la «modernidad líquida» podemos definirla sustancialmente como un tiempo sin certezas.

Los ciudadanos, sujetos que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres14. Hemos pasado de vivir en un modelo dado de libertad, a tener que diseñar nuestra vida como proyecto… un proyecto que, he ahí la principal seña de identidad del tiempo líquido, nunca termina de realizarse, porque las circunstancias cambian con demasiada rapidez, quebrando planes e ideas de futuro, así, quitando la idea misma del proyecto, todo sólo es un espejismo. En el fondo lo líquido constata que todo cambia demasiado aprisa para que el hombre pueda adaptarse: lo técnico, lo científico, lo económico, lo social, todo ello, profundamente imbricado, se transforma a más celeridad de la que permite adaptarse el ser humano. La libertad es de tal dimensión, libertad para tal cantidad de cosas, que ni se puede elegir… el concepto de libertad “ha sido adelgazado a tal extremo que la figura del consumidor ha pasado a ser el epítome y el único modelo de sujeto libre que nos cabe concebir. Y así, ya se trate del amor, el trabajo, la política o la propia identidad, la mentalidad contemporánea ve el mundo como un inmenso contenedor de objetos potenciales de consumo. Pese sus promesas oficiales, lo que caracteriza a una sociedad basada en el consumismo es que la felicidad se asocia no tanto a la gratificación de los deseos, cuanto a un «aumento permanente del volumen y la intensidad de los deseos»15”generando la paradoja de que es el deseo y la insatisfacción lo que sostiene el modelo de consumo, no su satisfacción, y así, en el elegir está la idea de libertad, no en la elección… paradójicamente de tanto hay donde elegir, vitalmente, que es imposible elegir nada, desmontándose así la misma centralidad de la libertad… se consume, no se vive.

La cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión de futuro, deshace el sentido de la carrera profesional y de la experiencia acumulada, pues nunca se sabe cómo será mi mañana, a qué me dedicaré o si tendrá algo que ver mi vida próxima con la anterior…

La familia nuclear se ha transformado en una “relación pura” donde cada “socio” puede abandonar al otro a la primera dificultad. El amor se hace líquido16, sin responsabilidad hacia el otro, siendo su mejor expresión el tipo de relaciones sin rostro que posibilita internet.

Las Instituciones no son ya anclas de las existencias personales, pues ante la decadencia del Estado de bienestar y sin relatos colectivos que otorguen sentido a la historia y a las vidas individuales, al ciudadano no le queda otra que surfear como pueda, tratando de mantener un cierto equilibrio, en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante, incierta y cada vez más imprevisible.

La incertidumbre en la que vivimos se corresponde a transformaciones variadas como pueden ser el debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegían al individuo y la renuncia a la planificación de largo plazo17, así el olvido y el desarraigo afectivo se presentan como condición del éxito… “esta nueva (in)sensibilidad exige a los individuos flexibilidad, fragmentación y compartimentación de intereses y afectos, se debe estar siempre bien dispuesto a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades”18.

Obviamente esa inseguridad, lo incierto, lo colorea todo y marca la principal característica de lo líquido. Acostumbrado, a lo largo de la historia, y en especial en la modernidad burguesa que hizo de la seguridad el ideal de vida, a las certezas, esta nueva situación de incertidumbre líquida constante, no genera sino miedo…

Bauman se refiere al miedo a establecer relaciones duraderas y a la fragilidad de los lazos solidarios que parecen depender solamente de los beneficios que generan, y se empeña en mostrar cómo la esfera comercial y económica lo impregna todo, que las relaciones se miden en términos de costo y beneficio – de ”liquidez” en el estricto sentido financiero19-, y en ese modelo, además, no hay –como en la economía en general- espacio para los pobres, los vagabundos, los extraños, para los otros. Se vale de conceptos tan provocadores como el de “desechos humanos” para referirse a los desempleados y a los inmigrantes, que hoy son considerados gente superflua, excluida, fuera de juego20, “excedentes”, lo que significa seres humanos superfluos, innecesarios, sin los que la economía funcionaría mejor. Terrible. Lo económico en última instancia como lo rector de lo líquido, como lo que regula la sociedad, y por tanto como el desencadenante del miedo, ante el cambio tan rápido que lleva consigo por la búsqueda de beneficios.

«Si hubiera que resumir la idea nuclear que recorre todos estos análisis en una sola palabra, ésta sería: ambivalencia. El paso de la fase sólida a la fase líquida de la modernidad se caracteriza por un proceso de constante y continua desregulación que afecta a todos los ámbitos de la vida (el trabajo, las relaciones personales, el compromiso político, las relaciones familiares, los marcos regulativos, las reglas de juego social a largo plazo, la propia identidad, etc. Ese proceso —supuestamente orientado a garantizar mayores cotas de libertad en el espacio social— deja, sin embargo, como residuo inextirpable un incremento en la inseguridad y en la ansiedad con la que enfrentamos nuestras vidas como resultado, de la incertidumbre que tal emancipación genera. Y lo que es peor: echa sobre los hombros privados de los individuos el pesado fardo de una responsabilidad que en la fase sólida de la modernidad se asumía como una carga socialmente compartida »21.

Así pues, la «modernidad líquida» se convierte en una cultura profundamente individualista, dominada por la incertidumbre y la incapacidad de adaptación al cambio, lo cual genera un profundo temor, que a su vez es el que genera el rechazo de los que no puede incorporarse a ella, presidida por el consumo y con la libertad de elegir –y no tanto la elección- como símbolo y centro de lo líquido.

Lo líquido pues como la señal de lo incierto, lo mudable, lo cambiable, lo que se transforma constantemente, inseguro, sin estar quieto en momento alguno, en constante mutación, y por tanto, imposible uno de adaptarse, desarraigado el ser humano, incapaz de adecuarse a los tiempos que cambian con una infinita mutación líquida.

2. Caracterización de los tiempos líquidos

El capítulo I del libro “La globalización. Consecuencias humanas” se inicia con una cita de Albert Duplan que reza así: “La empresa pertenece a las personas que invierten en ella: no a sus empleados, sus proveedores ni la localidad donde está situada22”. Bauman se sirve de ella para describir uno de los efectos de la globalización, a saber: que los centros de decisión y los cálculos que fundamentan sus decisiones se liberan inexorablemente de las condiciones impuestas por la localidad, con lo cual la empresa se traslada allí donde percibe más beneficios dejando las consecuencias de su traslado en la llamada localidad. Tal es el caso, por ejemplo, de las denominadas empresas multinacionales. Según esto, el poder que otorga la movilidad de quienes “invierten” puede llegar, y de hecho lo hace, a un altísimo grado de desconexión respecto de las obligaciones con las personas que habitan la localidad. Es lo que Bauman llama “propietarios absentistas de nuevo tipo”23.

Lo que hemos señalado en el párrafo anterior no es más que el contexto básico en el que se desarrolla y potencia un fenómeno que trasciende las fronteras, culturas y sociedades. La globalización, al menos en principio, era entendida como universalización, ¿de qué? No estaba muy claro. No obstante, Bauman señala una clara diferencia entre globalización y universalización. Según el parecer de Patricia Avelar, haciendo una lectura de Bauman, esta diferencia radica en que “la primera se refiere a la dominación de una minoría sobre la mayoría en un mundo desigual donde prevalece la exclusión… Y el segundo se relaciona con la esperanza y la ilusión de crear un orden que permita cambiar y mejorar el mundo en donde las oportunidades tiendan a ser iguales para todos24”. De ahí que el término globalización estaba en boca de todos, pero con significados variados y hasta contrapuestos: para algunos era indispensable para la felicidad, y para otros, causa de la infelicidad. Lo mismo señalaba Roberto Salazar en una reseña sobre el libro citado en líneas arriba: “muchos relacionan la globalización con oportunidades, con empleo, con la modernización, con la nueva tecnología; hay otros, en la acera del frente, que la critican porque causa pobreza, hambre, miseria, desempleo, xenofobia y guerra25”. En el fondo, lo que descansa en el sustrato de esta apreciación son dos tipos de poblaciones mundiales y que la jerga de nuestro sociólogo judío identifica como los turistas y los vagabundos o, lo que es lo mismo, los globales y los locales y de los cuales hablaremos más adelante.

Por otro lado, el acceso a la información parece ser una de las ventajas más preciadas de este nuevo estado mundial. ¿Se trata entonces de la universalización de la información? Probablemente, y de facto, lo constatamos hoy más que nunca, pues con ella se consigue la superación de los espacios físicos y las fronteras establecidas, siendo así que “tanto en la teoría como en la práctica la información está disponible instantáneamente en todo el globo26”. La consecuencia inmediata de la “anulación tecnológica de las distancias de tiempo y espacio” no es otra que la polarización de la condición humana que derriba, ipso facto, la tesis promocional de la globalización, esto es, la llamada, digámoslo así, pseudouniversalización entendida como la pretensión de un mundo homogeneizado.

Así pues, a efectos prácticos, la globalización puede ser descrita como una serie de efectos no controlados, pues el control, si alguna vez lo hubo, aparentemente ya no existe; expresa en su significado más profundo “el carácter indeterminado, ingobernable y autopropulsado de los asuntos mundiales27” y, por tanto, “la ausencia de un centro”. En cualquier caso, la globalización no se refiere a lo que nosotros queremos hacer, sino a lo que nos sucede a todos. Con lo cual, todos dependemos de todos y todos compartimos el mismo inevitable destino, el mismo escenario pero con efectos distintos. En esta misma línea expresaba Bauman en un artículo titulado “El desafío ético de la globalización” que “no se puede hacer nada para dar marcha atrás a la globalización, y que solamente podemos asumir dos posturas: estar ‘a favor’ o ‘en contra’ de esta nueva interdependencia mundial28”. Pero al parecer padecemos no las directrices, sino los efectos globales de este fenómeno con todas sus implicaciones: localización, polarización, panóptico y sinóptico en una población, si se quiere, dualista, porque está repartida entre turistas y vagabundos, dos imágenes que Bauman utiliza para dar cuenta del modo diverso como cada persona experimenta y se ve afectada por el fenómeno de la globalización. Al respecto, resulta interesante destacar la lectura que hacen Adriana Marrero y Nicolás Trajtenberg sobre estas dos imágenes:

«el turista disfruta de la variabilidad y contingencia del actual escenario, y se logra liberar de las limitaciones espaciales, adaptándose perfectamente a la movilidad y fragilidad territoriales. El turista goza de una libertad y una capacidad nunca antes vista para desplazarse y experimentar los diferentes espacios y lugares, algo que le permite reconstruir significativa y continuamente su identidad a lo largo de su trayectoria vital. Por otro lado, el vagabundo vive la condición postmoderna como una experiencia angustiosa; percibe el mundo como un espacio abrumadoramente ajeno y externo. No experimenta una emancipación espacial, sino que, por el contrario, es despojado y excluido de muchos de los espacios, pero además, de la propia libertad para desplazarse»29.

Ahora bien, llenar de contenido estas imágenes es posible por las distintas dimensiones o fenómenos que conforman la globalización, esto es, retomando lo dicho más arriba: localización, polarización, panóptico y sinóptico respectivamente. Que actúan, más bien, como consecuencias y no tanto como causas del nuevo orden mundial. Y representan distintas perspectivas para abordar y describir una única realidad. De ahí que se encuentren de algún modo interconectadas en cuanto provienen de un mismo punto de eclosión: el surgimiento de la era global afianzada o propulsada por la anulación de las fronteras con relación a los centros de poder y el ejercicio de este sobre los Estados/territorios. Las consecuencias de este especie de efecto dominó ya han sido mencionadas. En este sentido, localización no es más que territorialidad, falta de movilidad de los no globales, de los locales, incontables personas que se constituyen en los llamados vagabundos en contraposición con los extraterritoriales que no hacen más que acentuar el status quo de los primeros. Los locales se constituyen así debido a la incorporeidad del poder promovida por el ciberespacio, que es la nueva libertad corporizada. De tal modo que, como no es necesario estar in situ, los centros de poder permanecen ad extra: de la localidad, de la comunidad, del país donde se encuentren, sin ningún tipo de consigna más que la de la libertad de movimiento y la anulación del espacio. Esto trae consigo, retomando la feliz aseveración de Bauman, “la polarización de la condición humana” que quiere decir que los procesos globalizadores se experimentan básicamente de dos maneras distintas: para unos es emancipación de las restricciones territoriales, ejercer una libertad sin precedentes respecto de los obstáculos físicos, tener y/o disfrutar de una inédita capacidad de desplazarse y actuar a distancia. Para otros, en cambio, los procesos globalizadores significan despojar al territorio de su valor y capacidad para otorgar identidad. Es, además, confinamiento a la localidad de la cual tendrán escasas posibilidades de liberarse para ir a otra parte.

Como se ve el centro de la polarización es el movimiento, otro bien codiciado en esta era de la tendencia global en el que todos “nos guste o no, por acción u omisión, estamos en movimiento. Lo estamos aunque físicamente permanezcamos en reposo, ya que la inmovilidad no es una opción realista en un mundo de cambio permanente”30. Tal vez por ello, afirma Bauman que “la movilidad se ha convertido en el factor estratificador más poderoso y codiciado de todos; aquel a partir del cual se construyen y reconstruyen diariamente las nuevas jerarquías sociales, políticas, económicas y culturales de alcance mundial31”. Desde este contexto, recuperamos ahora la imagen del Panóptico32 de Foucault, a la que Bauman se suscribe para ahondar y advertir sobre los peligros de esta alegoría de cara al análisis del panorama global como lo es pensar, por ejemplo, que en el contexto de cambio actual, dicho análisis pasa por la búsqueda y aplicación, en las disposiciones actuales del poder, de una versión nueva y mejorada de las técnicas panópticas33.

Pero más en concreto, utiliza Bauman la visión de Mark Poster sobre la base de datos electrónicos como versión actualizada del Panóptico y desde la cual podemos hacer el trasvase a una de las consecuencias dramáticas de la globalización. Mark Poster plantea que nuestros cuerpos están conectados con las redes, es decir, con la base de datos, lo cual permite el almacenamiento progresivo, tanto cuantitativo como cualitativo, de toda la información que ofrecemos en la vida cotidiana a través del uso de una tarjeta de crédito o por medio de una simple compra. Y así nuestros cuerpos están sujetos informáticamente en la base de datos, independientemente de que lo queramos o no, creando así un súperpanóptico donde todos somos vigilados y con la diferencia esencial, con respecto al concepto de Panóptico tradicional, de que el vigilado se convierte en un factor importante y complaciente de la vigilancia34.

De cara ahora a nuestro objetivo, Bauman indica desde el análisis de Poster que la base de datos – diríamos el nuevo Panóptico – “señala a los consumidores fiables y dignos de confianza, a la vez que separa a los demás, a quienes no cree capaces de participar en el juego del consumo simplemente porque en sus vidas no hay nada digno de ser registrado (…). La base de datos es un instrumento de selección, separación y exclusión. Conserva a los globales dentro del cedazo y separa a los locales. Admite a ciertas personas en el ciberespacio extraterritorial, hacen que se sientan como en casa donde quiera que vayan y las acoge cordialmente cuando llegan; a otras las priva de pasaportes y visas de tránsito, les impide recorrer los lugares reservados a los residentes del ciberespacio35”. La consecuencia tácita no tarda en vislumbrarse: cuanto mayor es la información sobre alguien en la base de datos, mayor es su libertad de movimiento, con lo cual se produce, también a este nivel, el harto mencionado fenómeno bilateral: la depuración poblacional y posterior polarización que define a los globales de los locales.

Sin embargo, junto a este proceso en el que los más vigilan a los menos, se da otro movimiento paralelo que constituyó la crítica de Thomas Mathiesen a Foulcault, a saber: el desarrollo de las nuevas técnicas de poder que consisten en que muchos observan a pocos. Esto haciendo referencia al auge de los medios de comunicación en masas que conduce a la creación, junto al Panóptico, de otro mecanismo de poder al cual denominó Sinóptico, y que es global por naturaleza. Supone seducir a las personas para que se conviertan en observadores, con lo cual el acto de vigilar libera a los vigilantes de su localidad y les transporta, de modo virtual, al mundo de los globales: aquellos pocos que los observadores observan y que han sido rigurosamente seleccionados36.

Visto lo cual, y a modo de resumen, la globalización es consecuencia, efecto colateral, más allá del alcance de planificación y acción de los Estados; incluyen una segregación, separación y marginación social progresiva, todo ello derivado de los cuatro elementos que hemos descrito y con la libre movilidad como centro. De aquí surge la pregunta obligada que nos llevará al siguiente punto ¿por qué se permite la movilidad tan drástica que no tiene regulaciones? O en otras palabras ¿por qué hemos pasado del orden al “caos”, de ejercer el control al nuevo “desorden” mundial, de lo sólido a lo líquido? Es lo que intentaremos responder a continuación.

3. De la modernidad a la globalización

Nos preguntamos por el paso, el momento exacto en el que transigimos a este nuevo estado de cosas en el que, a decir de Bauman citando a Cornelius Castoriadis, la civilización moderna ha dejado de ponerse a sí misma en tela de juicio. En su “Ética postmoderna”, Bauman enuncia:

«la postmodernidad tiene dos caras: ‘la disolución de lo obligatorio en lo opcional’ con dos efectos en apariencia opuestos, aunque estrechamente relacionados. Por una parte, el resurgimiento de la violencia como instrumento principal de construcción del orden, la febril búsqueda de verdades en casa que nos ayuden a llenar el hueco del ágora desierta; por otra, el rechazo a que los antiguos oradores del ágora juzguen, discriminen, elijan entre varias opciones: todas las elecciones funcionan, siempre y cuando sea una elección, y cada orden es bueno, si se trata de uno entre muchos y no excluye otros ».37

En el fondo, Bauman está queriendo expresar el estado actual de la cuestión, esto es, la crisis imperante, la búsqueda desesperada de sentido, de orden, en tensión constante entre las antiguas certezas y la incertidumbre de hoy. De manera que la clave para comprender el paso de la modernidad sólida a la modernidad líquida hay que atisbarlo en el fracaso de las promesas de la modernidad.

La modernidad es entendida por Bauman en términos de orden, en dialéctica con la contingencia y la ambivalencia. Desde este presupuesto, Paola Castaño expresa que para Bauman “la modernidad busca materializar el deseo de imponer orden, concebido inicialmente en términos de predecibilidad, monotonía, regularidad, estabilidad y repetitividad, y significado sobre la naturaleza y la sociedad, de conquistar todas las fuentes potenciales de incertidumbre; la ambición de no dejar ningún espacio para lo imprevisto y de convertir lo incontrolable en accesible y manejable ”38. Sin embargo, en dicho cometido se encontraba, de facto, su principal contradicción, pues precisamente lo específico de la modernidad es que el orden no puede darse por sentado y que por ello es necesario construirlo. Y es que la modernidad “no puede evitar generar, por un lado, el orden como producto buscado y legítimo y, por otro, la ambivalencia39”. Por consiguiente, “el lugar central que tiene el orden en la modernidad, tiene como sustrato la inseguridad de su realización40”. Los Estados, por ejemplo, surgen como estamento capaz de garantizar este orden, de promoverlo y preservarlo; “sería el esfuerzo por ordenar, categorizar y administrar a las personas y las cosas desde un determinado modelo preestablecido41”. Ahora bien, dada la contradicción inherente del paradigma moderno, la transición, que aquí nos ocupamos de esbozar, parece hallarse en la creciente debilidad de las agencias encargadas de imponer el orden, y dentro de estas el Estado como ente regulador y normativo del poder social y la administración.
Previo a esta situación, Bauman señala que:

«Antes de la caída del bloque comunista, la situación mundial era contingente, errática y caprichosa, pero su naturaleza estaba oculta por la reproducción cotidiana del equilibrio entre las potencias mundiales, es decir, no lo veíamos. Superado el Gran Cisma, el mundo ya no presenta el aspecto de una totalidad; parece más bien un campo de fuerzas dispersas y desiguales que se cristalizan en lugares difíciles de prever y adquieren un impulso que en verdad nadie sabe detener ».42

Se diría que nadie controla el mundo, aunque no se tenga claro qué significaría “controlar”. Desde este contexto, como punto de partida, Bauman subraya que “esta percepción novedosa y molesta de que ‘las cosas se van de las manos’ es la que se expresa bajo el concepto de globalización ”43. De modo que, al interior de los contextos descritos, subyace el elemento esencial que ha impulsado y mantenido el proceso globalizador, esto es, el factor económico. Más tarde, el Estado que surgió para garantizar el orden, la soberanía y la armonía del status quo, se verá disminuido por fuerzas heterónomas que encuentran su caldo de cultivo en la globalización, con lo cual se transforma el papel del Estado quien, a pesar del cambio, desea conservar todavía su función y en ese deseo cede porciones crecientes de soberanía y busca alianzas. El control se ha traslado entonces a un metaestado fruto del movimiento global y sus consecuencias.

De este modo, los Estados pasan a ser agentes de la gran empresa global y no controlan ya las fuerzas que ellas mismas cedieron ¿o le fueron arrebatadas? En definitiva, Estados débiles es justamente lo que necesita el Nuevo Orden Mundial en cuanto que son el caldo de cultivo para su incursión y establecimiento, con lo cual se mantiene el sistema vicioso: pobreza, segregación, localización, control extraterritorial bajo el nombre de “soberanía”.

4. La cultura líquida

Frente a la «modernidad sólida», la «modernidad líquida» se caracteriza por ser una realidad cultural contrapuesta a esa estabilidad que se vivía en el período anterior.

Todo el imaginario de la estabilidad política, social -y también de su opuesto, que no dejaba de ser parte de lo sólido, aunque sólo fuese por contraste, el derrocamiento violento y los cambios revolucionarios- y cultural, ya no tienen el sentido ni la razón de ser de la que alguna vez disfrutaron.

La articulación cultural que se disfrutó en los tiempos sólidos, parece hoy ciertamente extraña o simplemente irrelevante en el contexto de un presente que no se caracteriza por ninguno de esos grandes sueños, diseños, planos, maquetas, esquemas y proyectos que fueron los de la modernidad sólida.

El cambio, que se ha producido no es el paso a un nuevo orden, como tal vez se soñó dentro de la misma modernidad sólida con el falso dogma del progreso, o de la evolución de la cultura, sino que ha dado paso a la situación en la que la condición actual en la que se vive, es la de vivir en una permanente situación sin orden.

Indica Bauman, con esa idea subyacente de lo económico y de consumo de todo su pensamiento, que el cambio de lo sólido a la modernidad líquida es impulsado por las necesidades de los poderosos, los económicamente poderosos.

En “Vida Líquida”44, encontramos todo un capítulo, el tercero, dedicado a la idea de cultura. Comenzando por definir la idea de cultura a lo largo del tiempo, entrelaza sus reflexiones con los tiempos vertiginosos y de cambio, con los «tiempos líquidos», que han obviamente afectado a la misma cultura del hombre, y a la idea que de esta manejamos. Y es que, ciertamente, la «modernidad líquida» ha creado también una «cultura liquida».

La idea de cultura, según Bauman, “venía a significar el modo en que un tipo de conducta humana regular y “normativamente regulada” difería de otros tipos gestionados de manera distinta… la cultura nació como una declaración de intenciones… como una actividad deliberada. (…) De esta manera los seres humanos no nacían sino que se hacían45”. Es la idea profunda de la cultura como humanizadora.

Durante la fase de la modernidad sólida, la cultura fue de la mano que lo que Bauman llama los cultivadores, o los gestores, las personas que imponían a los demás la cultura, las que dictaban las normas de lo que era culturalmente relevante, aceptable o meritorio, y lo que no. Estas personas, gestoras de la cultura, no eran sino personas que imponían cierta idea de cultura, su propia idea de cultura, y que no estaban exentas de una cierta paradoja, pues la cultura no puede convivir pacíficamente con la gestión cuando esta es intervencionista y controladora… y menos si los gestores no son en sí los creadores, y no lo eran, pues los gestores estaban acompañados de un cierto poder económico, político o social que sostenía sus criterios. Es de algún modo, la idea del academicismo moderno: los intelectuales y cultos hombres que marcaban la norma de lo que era culturalmente relevante y lo que no: críticos, marchantes, curadores, dandis, compradores… En el fondo maneja aquí Bauman la idea de una creación de la idea de cultura a imagen y semejanza de un determinado sector social, el de los gestores, que, como decíamos, no siempre se identifica con el de los creadores… lo cual genera una situación de conflicto, pero en cierto modo, a su propia imagen, como ellos los primeros –o únicos en cierto caso…- “consumidores” de la cultura.

Y es que, aunque para Bauman hay una especie de complot de los gestores hacia la cultura, no deja de constatar que los creadores de cultura necesitan a los gestores para que se les vea, escuche y se les tome en cuenta. Esta es la paradoja que señala Bauman: los creadores de cultura necesitan a los gestores. Y es que, a fin de cuentas, comparten el mismo objetivo.

Hay que tener en cuenta, que para Bauman, la cultura tiene el poder de cambiar la manera en cómo sentimos, pensamos, vivimos, razonamos. Es esa idea de cultura, repetimos, como creadora de humanidad y de sociedad. Tiene un valor creador de humanidad. Por eso para Bauman la misma idea de cultura es fundamental.

Ante esta situación de mundo líquido, tiempos cambiantes, Bauman señala cómo la cultura tiene también el aparente poder, la aparente posibilidad, o al menos la voluntad, de contrapesar de algún modo ese constante cambio, indefinición, inquietud líquida de la transformación. Significa la voluntad aún de los gestores de mantenerse en lo “sólido”, aportando los valores acumulados a esa nueva situación social que está siempre naciendo, la cultura así intenta trascender el impacto limitador de la actualidad líquida, casi intentando anclarse en lo recibido. Así entendida, “es una herramienta básica para la gestión y tensión y mantenimiento de pautas… para mantener inalterada la condición del sistema y castigar cualquier vulneración a la norma. (…) así, todo lo que cause daño al sistema es aislado de inmediato y/o eliminada. (…) la cultura representa el sueño de los gestores hecho realidad: la resistencia eficaz al cambio46 ”.

Con la modernidad líquida, se ha producido una revolución que ha cambiado la idea de cultura, bajo la idea del neoliberalismo. Los gestores cambiaron las reglas… y cambió la cultura. Todas las normas cambiaron, bajo el auspicio de los nuevos gestores, que actualmente sigo siendo los controladores de la idea de cultura, pero desde otra perspectiva, con otro objetivo. Si antes era un determinado modelo de sociedad y hombre, actualmente, con esa voluntad, lo que buscan es de nuevo el modelo económico. Desean que la conducta humana sea: “domesticada, regular, rutinaria, monótona e inflexible…ahora los seres humanos han sido reciclados… en forma de consumidores47”.

Ahora los gestores actuales tratan a la cultura con mecanismos de consumo, fomentando la circulación rápida, hacen todo reciclable así como la inmediata reposición de las cosas. Todo esto para Bauman está en contradicción con la creación cultural, y es la causa porque la cultura es tan fugaz, dura tan poco y no tiene alguno de los valores que podría tener la cultura de la modernidad sólida. Actualmente la creación cultural, tiene como principal requisito el de la lógica del mercado de consumo, y eso es lo que la legitima como cultura propiamente, dándose además, de nuevo la paradoja, de que cuantos más clientes tenga el producto cultural, más estático en un tiempo líquido puede permanecer, pero no pueden ser en sí cultura, pues no hacen sino fomentar esa imagen de ser humano líquido, inadaptado ante la celeridad del mundo. Ahora las obras culturales son fugaces, y el principal valor es lo novedoso, y con ello no son capaces de fundamentar al hombre ante el mundo, que era el principal sentido de la cultura.

Para Bauman la industria cultural está muy bien preparada para la vida líquida, pues la cultura moderna liquida ya no se concibe asimismo como una cultura de aprendizaje y acumulación, pues dentro de la pura lógica de los tiempos es una cultura de la desvinculación, la discontinuidad y el olvido.

Y esa misma dimensión es la que cambia de sentido la idea misma de cultura, pues de ser la cultura humanizadora, capaz de capacitar al hombre para vivir y abordar la existencia, ahora, no deja de ser un factor líquido más, un factor de consumo, en constante cambio, fluidez, mutación, transformación, abandono y renovación para volver a renovarse… la cultura líquida de los tiempos líquidos, bajo el signo del consumo.

Notas
  1. Zygmunt Bauman (Poznan, 1925 – Leeds, 2017) fue profesor emérito de Sociología en la Universidad de Leeds, ciudad en la que vivía desde hace más de treinta años, y en la que falleció en enero de este año. Atrás quedó su Polonia natal, de donde huyó con su familia del terror nazi de 1939, rumbo a la Unión Soviética. Tras su paso por el ejército polaco en el frente ruso, regresó a Polonia y fue profesor en la Universidad de Varsovia durante años, pero una feroz campaña antisemita le hizo exiliarse de nuevo en 1968. La Universidad de Tel Aviv fue su destino, tampoco definitivo, porque también ha impartido clases en Estados Unidos y Canadá. Tres años más tarde se instaló en Gran Bretaña. A lo largo de su carrera, desarrolló una sociología crítica y emancipadora. En 2010 recibió junto a Alain Touraine el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.
  2. Keith Tester y Michael Hviid Jacobsen, “Bauman before Postmodernity”, Aalborg University Press, Aalborg, Dinamarca, 2005.
  3. Luis Arenas, Zygmunt Bauman: Paisajes de la modernidad líquida, en Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 54, 2011, pp. 111-124.
  4. Zygmunt Bauman, Bauman sobre Bauman: Pro domo sua, en Jacobsen, M. H. y Poul Poder (eds.), “The Sociology of Zygmunt Bauman. Challenges and Critique”, Aldershot, Ashgate, 2008, citado por Luis Arenas, op. cit.
  5. Conf. Zygmunt Bauman, “Pensando sociológicamente”, Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina, 2007.
  6. Conf. Keith Tester y Michael Hviid Jacobsen, “Bauman before Postmodernity”, op. cit.
  7. Adolfo Vázquez Rocca, Zygmunt Baumann: modernidad líquida y fragilidad humana, Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, n. 19, Marzo, 2008. Publicación Electrónica de la Universidad.
  8. Luis Arenas, Zygmunt Bauman: Paisajes de la modernidad líquida, op. cit.
  9. Luis Arenas, Zygmunt Bauman: Paisajes de la modernidad líquida, op. cit.
  10. Id.
  11. Michael Hviid Jacobsen y Poul Poder (eds.), “The Sociology of Zygmunt Bauman. Challenges and Critique”, Aldershot, Ashgate, 2008.
  12. Zygmunt Bauman, “Modernidad líquida”, Editorial Fondo de Cultura Económica, México DF, 2004.
  13. Conf. Luis Arenas, Zygmunt Bauman: Paisajes de la modernidad líquida, op. cit.
  14. Conf. Zygmunt Bauman, “Vida líquida”, Austral, Barcelona, 2006 .
  15. Luis Arenas, Zygmunt Bauman: Paisajes de la modernidad líquida, op. cit.
  16. Conf. Zygmunt Bauman, “Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”, Fondo de Cultura Económica de España, 2005.
  17. Conf. Zygmunt Bauman, “Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre”, Tusquets, Barcelona, 2007.
  18. Adolfo Vázquez Rocca, Zygmunt Baumann: modernidad líquida y fragilidad humana, op. cit.
  19. José Maria Castro Caldas, en The Art of Escape: Liquidity Mechanisms, en Revista Crítica de Ciencias Sociales, n.82, Universidad de Coimbra, Septiembre, 2008, en http://rccsar.revues.org, señala la dependencia de Bauman de Keynes, tanto en el mismo término como en el concepto de lo “líquido”, sugiriendo la extrapolación del concepto mismo económico al sociológico.
  20. Conf. Zygmunt Bauman, “Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre”, op. cit.
  21. Luis Arenas, Zygmunt Bauman: Paisajes de la modernidad líquida, op. cit.
  22. Zygmunt Bauman, “La globalización: Consecuencias humanas”, Fondo de Cultura Económica, México, 2011, p. 13.
  23. Id., pp. 16-17.
  24. Patricia Avelar, Reseña de La globalización: consecuencias humanas de Zygmunt Bauman, en Revista Mexicana del Caribe, n. 9, 2000, en http://www.redalyc.uaemex.mx.
  25. Robinson Salazar Pérez, Reseña de La globalización: consecuencias humanas de Zygmunt Bauman, en Espiral. Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal, n. 25, Septiembre-Diciembre, 2002, en http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=13802509.
  26. Zygmunt Bauman, “La globalización: Consecuencias humanas”, op. cit., p. 24.
  27. Id., p. 80.
  28. Conf. Zygmunt Bauman, “El desafío ético de la globalización”, artículo del diario El País de 20.07.2001.
  29. Adriana Marrero y Nicolás Trajtenberg, Bauman, ambivalencia y después… sus descontentos y los nuestros, en Revista de la Asociación de Sociología de la Educación, vol. 2, n. 1, 2009.
  30. Zygmunt Bauman, “La globalización. Consecuencias humanas”, op. cit., p. 8.
  31. Id., p. 16.
  32. El Panóptico fue ideado originalmente por Jeremy Bentham, el padre del utilitarismo, como un modelo carcelario en el cual se vigilara todo desde un punto, sin ser visto. Posteriormente, Michel Foucault utilizó el proyecto frustrado de Jeremy Bentham para crear una metáfora eficaz de la transformación, la redistribución y el redespliegue modernos de los poderes controladores. Zygmunt Bauman: “La globalización. Consecuencias humanas”, op. cit., p. 66.
  33. Conf. Id., p. 67.
  34. Conf. Id., p. 68.
  35. Id., p. 69.
  36. Conf. Id., p. 71.
  37. Zygmunt Bauman, “Ética postmoderna”, Siglo XXI, Madrid, 2009, pp. 276-277.
  38. Paola Castaño Rodríguez, Zygmunt Bauman y el problema del orden: una mirada sociológica a la modernidad y la postmodernidad, en Revista Colombiana de Sociología, no. 24, 2005, p. 280.
  39. Adriana Marrero y Nicolás Trajtenberg, Bauman, ambivalencia y después… sus descontentos y los nuestros, op. cit., p. 36.
  40. Id.
  41. Id., p. 38.
  42. Zygmunt Bauman, “Globalización. Consecuencias humanas”, op. cit., p. 79.
  43. Id., p. 80.
  44. Conf. Zygmunt Bauman, “Vida Liquida”, op. cit.
  45. Zygmunt Bauman, La cultura indisciplinada e imposible de controlar, en “Vida Líquida”, op. cit., pp. 73-74.
  46. Op. cit., pp. 78-79.
  47. Op. cit., p. 80.
Bibliografía
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  • Castaño Rodríguez, Paola, Zygmunt Bauman y el problema del orden: una mirada sociológica a la modernidad y la postmodernidad, en Revista Colombiana de Sociología, no 24, 2005, pp. 275-296, consultado el 3 de Diciembre de 2013 en revistas.unal.edu.co
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  • Vázquez Rocca, Adolfo, Zygmunt Baumann: modernidad líquida y fragilidad humana, Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, n. 19, Marzo, 2008. Publicación Electrónica de la Universidad Complutense, consultada a 18 de octubre de 2013, en http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/19/avrocca2.pdf.
Obras de Zygmunt Bauman
  • “Globalización. Consecuencias humanas”, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, DF, 2001
  • “Modernidad líquida”, Editorial Fondo de Cultura Económica, México DF, 2004
  • “Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”, Fondo de Cultura Económica de España, 2005
  • “Vida líquida”, Austral, Barcelona, 2006
  • “Pensando sociológicamente”, Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina, 2007
  • “Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre”, Tusquets, Barcelona, 2007
  • “Ética postmoderna”, Editorial Siglo XXI, Madrid, 2009
  • “La cultura en el mundo de la modernidad líquida”, Fondo de Cultura Económica de España, 2011

 

 

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