Stop Halloween

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Halloween es una expresión extrema de la colonización cultural estadounidense. A pesar de pretender articular una presunta tradición de origen celta, el Halloween actual como tantos otros productos made in USA, tiene mucho más de merchandising y subcultura mainstream que de un remoto origen irlandés. La consecuencia de pasar por la trituradora cultural yanqui cualquier manifestación popular europea.

Sin ningún tipo de arraigo en el imaginario español, la fiebre consumista de cualquier mercancía proveniente del coloso americano ha prendido con inusitado fervor entre un publico desprevenido y ayuno de una identidad cultural interiorizada. A ello han contribuido la poderosísima industria hollywoodiense y el papanatismo garrulo de nuestras instituciones, empeñadas con un esfuerzo digno de mejor causa, en convertir a nuestros niños (y menos niños) en un remedo bufo de los pequeños del otro lado del Atlántico.

Resultarían enternecedores si no supusiera una emulación grotesca, la fruición y el dispendio desproporcionado con que nuestros centros de enseñanza públicos y privados se afanan en colocar, calzador mediante, en las mentes de sus indefensos pupilos la “especie Halloween” tal si que se tratara de algo que formara parte de nuestra idiosincrasia y de nuestra identidad. No importan las faltas de ortografía, no importa la incuria generalizada respecto de nuestra historia como pueblo y Nación, ni importan los aberrantes índices de fracaso escolar o la paupérrima calidad científica y educativa; lo importante es Halloween, vestir a los niños de monstruitos y hacerles visionar mediocres películas de terror en sucesión interminable.

La patética perversión de una Nación y de un continente, el europeo, subsumido en un proceso de colonización cultural, económico y político a manos de los Estados Unidos de América y de los lobbys mundialistas. Reducir Halloween a la categoría de anécdota seria simplificar en demasía; Halloween es algo más, es un síntoma, una verificación palmaria del entreguismo, la vaciedad, y el cipayismo de nuestras “élites”. Una Europa ciega de la mano del lazarillo yanqui camina irremediablemente hacia el abismo. Sin voz propia, sin presencia real en el mundo, olvidando sus orígenes, sus tradiciones y su personalidad, Europa deambula sin rumbo, sin proyecto y sin propósito al albur de los acontecimientos que otros programan. La entelequia de la Unión Europea, esa reunión de burócratas y vividores sumisos a los dictados de sus amos, constituye el apretado corsé que pretende aniquilar cualquier voluntad de verdadera resistencia.

Es por ello que más allá de la envoltura festiva con que se enmascaran estos procesos, subyace la intencionalidad evidente de haciéndonos olvidar lo que somos transmutarnos en un híbrido sincrético y despersonalizado a la manera del “American Way of Live”

¿Halloween?. No, gracias.

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