Reseña de “El Mito de Cortés, de héroe universal a icono de la leyenda negra”, de Iván Vélez Cipriano

cortes

Título: El Mito de Cortés, de héroe universal a icono de la leyenda negra

Autor: Iván Vélez Cipriano

Editorial: Ediciones Encuentro – Madrid, 2016

Nos hallamos ante El Mito de Cortés, de héroe universal a icono de la leyenda negra, el último libro del arquitecto y filósofo conquense Iván Vélez, autor de una obra anterior que ya es referencia [Sobre la Leyenda Negra (Ed. Encuentro, Madrid, 2014)], y, como tal, merecedor de numerosos elogios. Escritor ya perito en estos temas y colaborador habitual de las revistas El Catoblepas y El Basilisco, ha participado, además, en publicaciones como Folklore o Altamira, y a su puño y letra debemos la publicación de otras interesantes obras como Ruedas dentadas (Ed. Lobo Hombre, Madrid, 2004), Técnicas e ingenios en la Sierra de Cuenca (Diputación de Cuenca, Cuenca, 2010), Agua, hombres y máquinas en la España preindustrial (Pentalfa Ediciones, Oviedo, 2012) o Por los caminos de la Sierra. Antropología y paisaje de Cuenca (Diputación de Cuenca, Cuenca, 2013); coordinó Gustavo Bueno. 50 visiones de su obra (VV.AA., Pentalfa Ediciones, Oviedo, 2016) y tomó parte en Podemos. ¿Comunismo, populismo o socialfascismo? (Pentalfa Ediciones, Oviedo, 2016), entre otros escritos, compaginando esto con colaboraciones en multitud de congresos y en la confección de la página web del proyecto Filosofía en español (http://www.filosofia.org/). Asimismo, son numerosas ya sus conferencias (que el lector podrá encontrar fácilmente en YouTube) sobre muy variados temas, al igual que sus intervenciones en diferentes periódicos y programas de radio y televisión a escala nacional. A su vez, es el organizador de los filosóficos Encuentros en El Lugar – Cuenca, celebrados anualmente. Todas estas referencias habrán dado ya cuenta de la gran versatilidad del autor cuya obra vamos a reseñar; una obra que nos atrevemos a calificar de necesaria, sobre todo en nuestros días, pues se encuentra sustentada sobre fuertes tesis –tratándose del materialismo filosófico no podía ser de otra forma– y una completísima documentación. Con estas armas, el conquense pone un grano de arena más, como viene haciendo, en esta lucha continua que es el combate de la leyenda negra antiespañola, tragada con embudo y fomentada por una gran parte de los propios españoles.

Tras una espléndida introducción, en la que, echando mano del materialismo filosófico, se hace una necesaria precisión del título, definiendo qué se entiende por “mito” y sus tipos, o ideas tan importantes como la de “Imperio” (que recorrerán la totalidad de la obra), comienza Iván Vélez repasando algunos documentos de la época referidos a Cortés y la conquista; y es que nuestro autor no va a dar, en todo el libro, ni un paso ni un argumento sin su debido sustento documental. Por medio de códices, tapices y obras hispanas sobre el conquistador, nos va mostrando las diversas formas de proceder del ortograma imperial español en juicios, ceremonias y sucesos varios que reflejan, entre otras muchas cosas, la visión que, por aquel entonces, se tenía de Cortés (como severo gobernante, evangelizador, liberador…), y la consumada integración de los indígenas en las instituciones españolas –como era propio del imperialismo hispano–. Respecto a esto, el autor nos señala cómo Hernán Cortés actuó de gozne entre dos metodologías, a saber: la conquista y primeras poblaciones y, seguidamente, la puesta en marcha de las instituciones imperiales en las tierras conquistadas; es esto segundo lo que, a juicio del conquense, explica el «declive» de Cortés tras sus grandes hazañas. Una vez instaurada la pax hispánica, los conquistadores perdían gran parte de su papel y lugar: tras la conquista, había que tejer la red institucional y legal necesaria para el Imperio; había, en definitiva, que construir las ciudades. Pasamos, después, a un estudio de las vicisitudes que sufrieron los propios restos mortales del héroe hispano: como nos irá mostrando el escritor, a través de una precisa documentación y de la discusión de las polémicas al respecto, aquéllos sufrieron diversos avatares que explican a la perfección esa transformación o vaivén que el personaje ha sufrido, de héroe universal… a icono de la leyenda negra. Todos los usos y procesos que padecieron los restos mortales de Cortés nos dan ya una idea de la gran importancia que conlleva su figura.

Posteriormente, nuestro autor emprende una segunda parte dedicada a la misma imagen del conquistador, la cual repasa, siglo a siglo, hasta nuestros días, apoyándose en multitud de textos en prosa y en verso y con agradecible precisión, lo cual, dados los diversos intereses con que fueron escritos los mismos a ambos lados del Atlántico, no es cosa fácil. Comienza, cómo no, por el s. XVI, el siglo de Cortés; uno en el que las semblanzas del mencionado y las de quienes le acompañaron están repletas de no pocos elogios, aunque también de algún vituperio (causado por las acusaciones de querer alzarse con la tierra, el juicio de residencia, la revuelta de su hijo, etc.). El siglo XVII, detecta Iván Vélez, está más bien cargado por una visión heroica del personaje: una vez muerto, y dejando atrás acusaciones y pleitos, Cortés será visto ahora como un héroe hispano, una figura central para los logros del Imperio, y así será ensalzado por las más altas plumas del Siglo de Oro, tanto en atención a sus conquistas militares como a su proceder como evangelizador e introductor de los modos imperiales españoles (la civilización hispánica) en dichas tierras. No obstante, al otro lado del charco, y, sobre todo, en lo relacionado con las conmemoraciones y las ceremonias, su figura no dejará de causar polémicas, sin perjuicio, eso sí, de los homenajes y honores que a él se seguían rindiendo.

El siglo XVIII cambiará un tanto el rumbo en su visión de Cortés. Sin que esa imagen heroica del conquistador sufra declive, su mito creciente, su imagen arquetípica — nos dice el autor—, irá tomando formas teatrales en dramas, zarzuelas, óperas, etc., que se añaden a las obras poéticas y en prosa que ya antes le eran dedicadas. Y esto, tanto en los reinos hispánicos como fuera de ellos, lo cual es muy importante, ya que, no obstante desde siglos anteriores se venía dando –como el propio escritor nos cuenta en su anterior libro–, la leyenda negra antihispana, ésta conocerá un nuevo auge en este siglo, de mano, en este caso, de los próceres de la Ilustración europea. La figura de Hernán Cortés no quedará indemne de manipulaciones, ni, por supuesto, faltarán justas respuestas a las mismas. El siglo XIX, por su parte, arrastrará, en sus turbulencias –culminación del Imperio español y constitución de las naciones políticas española y mejicana mediante–, a la figura histórica. En este siglo, el de Medellín se verá interpretado y reinterpretado, a ambos lados del Atlántico, en los diversos géneros literarios y artísticos, siempre según conveniencias, inquinas e ideologías, siendo éstas parejas a los avatares sufridos por sendas naciones.

En sus interpretaciones, el siglo XX estuvo marcado por el indigenismo: a la luz de éste, y gracias al tan dañino como interesado impulso que en Hispanoamérica le dieron los vecinos del Norte –a través de plataformas como el Instituto Lingüístico de Verano–, la imagen de Cortés y demás conquistadores españoles quedará manchada por una pátina negrolegendaria, hoy tan presente. Si bien, por fortuna, no faltarán los justos reconocimientos y honores en ambos hemisferios, tanto el mito oscurantista como el luminoso en torno a Cortés tuvieron cumplida representación. Precisamente, cierra esta parte Iván Vélez con unas páginas dedicadas al Cortés “representado”, esto es, a las distintas muestras pictóricas, escultóricas y literarias que se hicieron del conquistador, aunque, como bien advierte, a pesar de la abundancia de éstas, no existe plena seguridad de que contemos con una imagen fiel de nuestro protagonista, pues la idealización de personajes de su talla es una constante ya en la época del medellinense. El Hernán Cortés ideográfico y nomotético es sometido a análisis.

La tercera parte, dedicada a los mitos cortesianos, es, quizá, la más importante del libro, pues, en ella, el conquense acomete un exhaustivo repaso de las distintas construcciones arquetípicas que sobre Cortés se han registrado a lo largo de la historia, y lo hace un estilo (también debemos destacarlo) muy claro y de fácil lectura, a pesar de la densidad documental y argumental. Si, como dijo Ortega, “la claridad es la cortesía del filósofo”, debemos decir que Vélez Cipriano no carece de ella. Siendo así, no desvelaremos aquí los jugosos entresijos de este último fragmento, para que el lector se acerque a ella con el debido interés; a lo largo del libro se han ofreciendo dando datos y apuntando líneas, pero es ahora cuando salen a relucir las fuertes tesis de la obra y donde la cuchilla analítica del materialismo muestra su mayor fuerza. Es así que transcurre esta tercera parte, tratando, ajustando, y, en lo necesario, destruyendo muchos mitos arquetípicos sobre Cortés, tales como el episodio de la quema de las naves, del que rastrea su origen y demuestra su alteración, o las acusaciones de rebeldía que recibió a su salida de Cuba, en referencia a las cuales nos muestra la transformación del personaje en el gran conquistador. Otro pasaje a tener en cuenta es la supuesta crueldad atribuida a su persona, común juicio psicologista que no tiene en cuenta la necesaria prudencia ante determinadas situaciones ni los castigos comunes de la época, ni, más allá, los propios métodos imperiales y civilizadores, esto es, la escala política de las acciones cortesianas, etc.; todo esto obligó, en ocasiones, a llevar a cabo castigos y ejecuciones tanto a españoles como a indígenas, en casos de rebelión, espionaje o ataque –como en el caso de Cholula o el de Texcoco– al contingente español o, incluso, a la propia figura de Hernán Cortés.

También analiza el autor la imagen del personaje histórico como supuesto asesino de su mujer, rescatando un suceso que se reconstruye, minuciosamente, según testimonios, estudios y documentación varia, para determinar la verdad o falsedad del asunto. Su identificación con Quetzalcóatl es otro punto de importancia que también se aborda en esta parte; si pudo haber alguna identificación entre ambos –habida cuenta de los anteriores contactos, no del todo pacíficos, entre españoles e indígenas–, las acciones emprendidas por Cortés y su explícito rechazo de tal identificación se encargarían de derribar el mito. El Hernán Cortés evangelizador, cara inversa de su identificación con Quetzalcóatl, es una de las caras más interesantes del prisma; nos la define, por un lado, el combate crítico entre una religión secundaria y politeísta y otra terciaria y monoteísta, y, por otro, la estrecha relación religión y política mantenían en las sociedades políticas de entonces (y aún en muchas de hoy), pues, a través de esta evangelización –por la palabra, no por la espada–, (aunque no sólo con ella), los nuevos súbditos eran integrados civil y políticamente en España. En último lugar, Vélez analiza la constante analogía entre Cortés y Alejandro Magno, también planteada con la figura de Julio César; nuestro autor se plantea la influencia real que pudo tener el modelo alejandrino, fluctuante entre lo ejercido y lo representado, en las acciones emprendidas por el conquistador y las interpretaciones que otros hicieron de éstas.

Iván Vélez nos muestra, en definitiva, a un Cortés ajustado en sus goznes, depurado y alejado, por supuesto, de cualquier tipo de juicio psicologista o políticamente partidista. No se trata, en su caso, de defender algún tipo de bando ideológico o de hacer un juicio sobre la personalidad del héroe; se trata de un ejercicio historiográfico que no busca tanto la imparcialidad, cosa casi imposible, como la rigurosidad y la claridad. Se trata, en definitiva, de una obra muy necesaria que, por su valía, debería servir de referencia a todo aquél que quiera acercarse a la figura de Hernán Cortés y a la labor civilizatoria acometida por el Imperio español durante los años de su existencia.

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