Paisaje después de la “batalla” ( y III )

DILEMAS DE UN PARTIDO “MUY VERDE”

Con toda certeza, la lorquiana “Verde que te quiero verde” no es una de las estrofas que los que han depositado su esperanza en Vox, quisieran ver aplicada a su partido, al menos en términos de empaque ideológico y solvencia estratégica.

Sea como fuere, guste o no a sus adeptos, la realidad es que Vox “está muy verde”. Y es lógico que así sea pues aunque ya contara unos años de vida, hasta su espectacular irrupción en Andalucía, que sorprendió a propios y extraños (dirigentes incluidos), no pasaba de ser un grupúsculo condenado al ostracismo y la marginalidad, una anecdótica excrecencia desgajada del PP que servía de perentorio refugio a unos pocos “apparatchiks” defenestrados que, entre bandazos ideológicos y heterodoxas amistades “benefactoras”, buscaban hacerse hueco en la vida pública y reencontrar su “lugar bajo el sol”. Todo ello guiados por la insólita pretensión de convertirse en “la voz de la conciencia”, el “Pepito Grillo” de la formación radicada en la madrileña calle de Génova. Con tan “ambicioso” y “realista” objetivo, el batacazo estaba garantizado y no se hizo esperar…

Tras una etapa en la que el partido pareció haberse “evaporado”, y que sus actuales dirigentes gustan caracterizar como “travesía del desierto” (buscando probablemente, atribuirle remotas e imaginarias resonancias “épicas”), se produjo la refulgente y mediáticamente jaleada “reaparición” de Vistalegre. A partir de ese momento, por variopintos, divergentes e intencionados motivos, Vox ha pasado a ser conceptuado por partidarios y detractores, como un partido “nuevo”: para “los suyos”, el vehículo emergente que llegaría para defender y visibilizar posiciones y contenidos de “sentido común” y “extrema necesidad”, excluidos del discurso unidireccional imperante; para “el resto”, el “recién llegado” e “indeseable” representante de la “extrema derecha” en España, que debe ser aislado, estigmatizado y neutralizado de inmediato.

Abstrayéndonos de las percepciones de unos y otros, pero dando continuidad al hilo de esa ficticia “novedad”, y tomándonos la metafórica licencia de “personificar” a Vox como “alguien” muy joven, la pregunta obligada sería: “Y tú ¿qué quieres ser de mayor?”. Porque prescindiendo de la sombría diapositiva que exteriormente se ha proyectado del partido de Abascal, perfilada con trazos gruesos de superficialidad y prejuicio, la realidad interna nos habla de un proyecto en fase embrionaria y por tanto, necesitado de definición y contextura.

En estos momentos, para sus flamantes (y menguantes…) votantes, Vox “es” lo que cada uno de ellos ha querido “que sea”, tomando “la parte por el todo”; una imagen forjada individual e interiorizadamente, “eligiendo” entre la colección de proclamas rudimentarias y elementales abocetadas en un discurso inacabado, aquellas con las que cada cual se siente más identificado. La resultante constituye una amalgama, con matices poliédricos (y hasta contradictorios, en algún caso), que ahora toca a los dirigentes pulir y cohesionar, si de veras se tiene intención de consolidar una opción fiable y duradera. Porque regresando sobre la aniñada figura alegórica a que aludíamos, el “rapaz” ha pegado el “estirón” y ya no le queda otra que desenvolverse en el mundo de los “adultos”, donde todos le dispensan la mirada de sospecha y animadversión que acompaña de ordinario al advenedizo…

La “base social” de Vox está formada por un conglomerado volátil y heterogéneo, como corresponde a un grupo al que las circunstancias han empujado a vivir en la constante improvisación. Se trata en la actualidad de un partido “de aluvión”, con todo lo que eso conlleva. Llegados a este punto, habría que establecer una diferenciación entre los “seguidores” por un lado, y los “cuadros” por otro. Aunque por extracción sociopolítica pueden colegirse procedencias compartidas para ambos grupos, existen matices que alteran porcentajes y composiciones del uno respecto al otro. Dejaremos para otra ocasión el análisis exhaustivo de estos datos, pero baste ahora este breve apunte para reseñar la coexistencia de varias “familias” ideológicas en el seno de Vox. Y aunque en general, la clientela voxista no está especialmente ideologizada, es un hecho que están presentes tendencias disímiles y hasta antitéticas en puntos esenciales, lo que, a medio plazo, puede generar discrepancias, fricciones y pugnas por prevalecer.

En contraste con el pintoresco “panchovillismo” que reina entre las “bases” y muchos de los cuadros intermedios, donde parecen existir pulcra uniformidad y prusiana disciplina en la “unidad de propósito”, es entre su exigua “cúpula” directiva. Apenas 6 o 7 personas marcan el paso de la formación y han establecido su propio blindaje respecto del resto del partido. Puede que esta “unanimidad” encuentre firme apoyatura en el “origen” común y las pasadas “afinidades” políticas que comparten casi todos ellos…

Vistas la “evolución” del Discurso y de las propuestas “programáticas” durante la campaña “euro/municipal/autonómica”, todo apunta a que la tendencia dominante (y a corto plazo, hegemónica), de obligada observancia para los cargos electos y los cuadros, será exclusivamente la emanada desde la Dirección. “Conservador en lo político y liberal en lo económico” es un eslogan (obviamente “guionizado”), que hemos oído repetir a muchos de los nuevos candidatos para definir el proyecto. La adscripción en el Parlamento europeo al grupo CRE (Conservadores y Reformistas) -integrado entre otros, por los polacos de Ley y Justicia, el “institucional” Partido Conservador británico, o la Nueva Alianza Flamenca (NVA), de los “amigos” de Puigdemont-, constituye toda una expresa e inequívoca “declaración de intenciones” y permite predecir el rumbo futuro…

Desde su impactante “rentrée”, Vox ha tenido el mérito de dar visibilidad en el debate partitocrático, a una serie de temas (ya instalados previamente en el imaginario social y en los ámbitos más propiamente ideológicos), vetados sin embargo por la mojigatocracia mediática y el oligopolio partidista que, arbitraria e interesadamente, marcan los límites de la corrección política. Esa actitud de relativo desafío al establishment, frente al seguidismo ovejuno del resto, le ha granjeado un cúmulo de simpatías en algunos sectores y la posibilidad de acceso a determinados nichos de población, afectados por cuestiones sistemáticamente ignoradas por los demás actores políticos. Por esta vía han obligado a otros a reposicionarse; a abordar asuntos que les causan grave incomodidad y que hasta ahora lograban soslayar amparándose en la condición de tabúes preestablecidos que se les había asignado.

No obstante lo que antecede, pueden reprochársele a Vox dos importantes errores: el primero, que los temas rescatados del limbo decretado por los censores mojigatocráticos responden a un único perfil, de signo muy determinado y condicionante por tanto, para el posicionamiento del partido, lo que lastra decisivamente sus posibilidades de transversalidad; el segundo, derivado del anterior, reside en haber “cargado la suerte” con insistencia excesiva, en items de naturaleza secundaria y particularista en detrimento de las temáticas esenciales, que son además las que gozan de un mayor potencial “integrador” y llegado el caso, concitarían amplios y desprejuiciados niveles de consenso social y en consecuencia, de potencial respaldo.

“PAGAFANTAS”… ¡DE NARANJA!

Al hablar del “bonapartismo” de Rivera en Ciudadanos, mutatis mutandis podemos extrapolar la ecuación a los otros dos partidos “recientes”: Podemos y Vox. Aunque el caso más flagrante de “simbiosis” partido-líder (“secuestro” lo llaman algunos…) sea el de Pedro Sánchez “abduciendo” al desarbolado PSOE. Pero esa es “otra historia”…

Centrándonos en Vox, la toma de decisiones no emana tanto de un único líder (Abascal, en este caso), cuanto de un pequeño grupo de personas, el genuino “núcleo duro” de la organización, que intenta “disciplinar” a su peculiar “tropa”, apagar los recurrentes “incendios” provocados (las más de las veces), por sus propios cuadros y diseñar una hoja de ruta coherente con las circunstancias. El balance de su desempeño puede calificarse de irregular y la tónica predominante ha resultado ser una permanente improvisación, fruto inevitable de la vorágine de acontecimientos que se han sucedido en su derredor y que han terminado por desbordarlos.

No ayuda a paliar la situación sobrevenida, la carencia de una infraestructura adecuada. Al respecto y observada en la distancia, se percibe una preocupante precariedad de “elemento humano”, es decir de “responsables” con capacidad de maniobra y “jerarquía”. Seguramente uno de los motivos sea la desconfianza a la hora de ampliar el “círculo de poder” interno. De tal guisa que apenas un puñado de personas tienen que multiplicarse para ejercer simultáneamente de portavoces, relaciones públicas, jefes de campaña, representantes institucionales, delegados internacionales, “negociadores” de acuerdos con otras fuerzas, eventuales tertulianos en medios de comunicación, generadores de contenidos y pautas de comportamiento, dinamizadores de la vida interna del partido y de la unión entre sus miembros, etc, etc… La sensación que se transmite hacia el exterior, es que esas funciones las ejercen por turnos y según disponibilidad ocasional, Abascal, Ortega, Espinosa, Monasterio… o nadie. Siendo “nadie” quien repite con más frecuencia…

Otro de los nudos gordianos que Vox debe desbaratar tiene que ver con la evidente dicotomía entre su atropellada, a ratos estridente y otras veces extemporánea, “política de comunicación”; y su difusa, cambiante o inexistente “estrategia”. Mirado del derecho o visto del revés, lo cierto es que, en todo momento durante este período, la comunicación en Vox se ha superpuesto sobre la estrategia. Tomando en cuenta el sesgo errático y anárquico que ha seguido esa política de comunicación, la estrategia (si es que ha llegado a existir algo merecedor de ese nombre), se ha visto condicionada y arrastrada por aquella. Un imaginario “Manual de buena praxis política para principiantes”, nos diría en su primer capítulo, que la estrategia ha de estar subordinada a la Idea; y la comunicación, como medio y no como fin, debe estar siempre subordinada a la estrategia. En Vox parecen haber invertido la fórmula…

A lo largo de estos meses, la línea política de Vox parece haber sido delineada desde su departamento de comunicación. A nuestro juicio, todo arranca de una equivocación “de principio”, que acaba desembocando en una peligrosa “contaminación” de conceptos. No parece lo más acertado dejar en manos de un Community Manager la facultad de señalar el camino que debe seguir un partido. Máxime cuando da la impresión de que no se ha empleado un solo minuto en dejar previamente establecida una elaboración teórica seria que pueda servir de guía, orientación y fundamento.

El problema se agrava al evaluar el “éxito” electoral como consecuencia directa de un plan de comunicación desplegado casi exclusivamente a través de las redes sociales, obviando cuestiones importantes. Una de ellas, que las redes sociales tienen sus “códigos” y su alcance. Y al tratarse de mensajes breves, fragmentarios y llamativos, pero circunscritos a temas concretos sin posibilidad de ser desarrollados y explicados adecuadamente, se hace imprescindible “medir” cuidadosamente la cantidad y la relevancia que acompaña a cada asunto, so pena de acabar por transmitir una imagen distorsionada del “mensaje global” y consecuentemente, del partido. Por otro lado, es crucial referenciar el mensaje vertido en redes a un contenido elaborado y detallado, que le sirva de soporte documental difícilmente manipulable, y al que siempre pueda acudirse como pieza de refutación frente a interpretaciones torcidas. Acaparar portadas de los medios tradicionales a través de “recados” lanzados en redes es positivo, siempre y cuando se haya establecido una previa prelación de temáticas y un orden de importancia entre las mismas. Atisbar un tema que reproducen y avientan sin cesar los medios puede ser un éxito, aunque critiquen la posición que se mantiene. “Machacar el clavo” de un mismo asunto, (a veces, menor o incluso, marginal), sin acompañarlo de argumentos y matices, equivale a opositar a recibir una “etiqueta” indeseada y propagar una imagen parcial y desvirtuada del grupo.

Identificar repercusión con éxito es un error de bulto en política. En un primer momento a Vox le vino bien llamar la atención, poniendo sobre el tapete ciertas posturas junto con temas verdaderamente relevantes. En cierta medida, era “hacer de la necesidad virtud”. Pero “recrearse en la suerte”, reiterar única y compulsivamente temáticas de determinada índole simplemente porque generan controversia y titulares, buscando epatar a cualquier precio mediante ocurrencias, es transmutar la virtud primeriza en vicio recurrente…

Desde una perspectiva propiamente ideológica, Vox es “cautivo” de esquemas mentales previos a su propia fundación como partido, que sus dirigentes traen incorporados “de serie” como herencia de anteriores filiaciones. Yerran por exceso, quienes crean atisbar entre “los verdes” posicionamientos audaces que representen una ruptura efectiva con el guión de la “vieja política”. La réplica aparente de movimientos que han hecho fortuna en otras latitudes, lo es sobre todo en aspectos formales y coreográficos, siempre de manera parcial y circunscrita a temas de cierto “tipo”. Ante el cuestionamiento del Sistema, genéricamente entendido, a la hora de optar entre “regeneración” o “ruptura”, Vox elegirá… regeneración; lo que implícitamente supone aceptación de un “fondo”, que se estima “reformable” desde dentro y susceptible de llegar a ser del todo “deseable”.

La añeja y reiteradamente enunciada concepción de la política como una pugna (fundamentalmente electoral) entre Izquierda y Derecha, junto con la indubitada autoalineación del voxismo en el lado diestro de ese espectro, reafirman una noción desfasada de las verdaderas categorías políticas vigentes hodierno, así como la asunción factual y acrítica de una de las ficciones básicas en que se fundamenta el Sistema.

El yermo erial ideológico por el que transita el debate político en España, unido a una deliberada demonización mediática, pueden llegar a sugerir el espejismo de que Vox representa una amenaza para el Régimen, cuando en realidad, son su defensa y mejoramiento las razones principales de su existencia. “Los árboles no permiten ver el bosque” cuando desde otras orillas se “confunde”, subrepticia e intencionalmente, la voluntad de reforma de aspectos estructurales de la Administración (por ejemplo, la disparatada arquitectura autonómica), con un afán de demolición y una enmienda a la totalidad de la organización política actual. Su vehemente profesión de fe monárquica, su airada y contumaz reivindicación de un lugar preferente en el “club de los constitucionalistas”, o su rabiosamente ultraliberal programa económico (por cierto, la única elaboración teórica medianamente trabajada que se les conoce), conforman el imaginario de un partido conservador “de libro”. Ni siquiera les alcanza para inscribirse en la moda “alt right”, más allá de coyunturales mimetismos en “modos” y parafernalia. Vox es, a día de hoy, simplemente un partido de la Derecha “de toda la vida”: pura y dura. Esa evidencia hace que la ocupación del que sería su espacio “natural”, provoque fricciones con quien lo ha usufructuado en solitario hasta hace poco (PP), y con el aspirante a hegemonizar ese hueco (Ciudadanos).

El pasado 2 de diciembre, tras conocerse los resultados de las elecciones al Parlamento de Andalucía, en las que obtuvieron 12 representantes, tal vez llevados por la euforia de un resultado tan espectacular como inesperado, pero también interiormente convencidos de cuanto iban a decir, los jerifaltes de Vox proclamaron urbi et orbi, que habían “acabado con 36 años de corrupción socialista” y que Vox no sería ningún obstáculo para “el cambio”. Pero, teniendo en cuenta que a pesar de su sorpresivo éxito, no contaban con fuerza para encabezar un gobierno en la Junta andaluza, ¿quiénes se suponía que encarnaban el “cambio”? ¿PP y Ciudadanos, bajo la atenta vigilancia de Vox? Y yendo un poco más lejos, ¿qué entendían por “cambio” en Vox? Porque más allá de un sustitución de rostros y una alteración de siglas, poco más que modificaciones puntuales en el entramado paralelo de la administración regional y rectificaciones de usos y costumbres viciados, podían esperarse de tales compañeros de viaje. El PP tiene acreditada una larga trayectoria de gobierno a todos los niveles, en todos los estamentos e instituciones del Estado, sin que se haya distinguido precisamente por la profundidad y eficacia de sus “cambios” respecto a antecesores socialistas. Y Ciudadanos ha sido durante la última legislatura el soporte parlamentario de ese “régimen socialista” que ahora debemos presumir que quiere “cambiar”…

En ese contexto, si de veras se pretendía un auténtico cambio, y tener intervención y presencia en el mismo, la postura adecuada debería haber discurrido en sentido inverso a establecer un compromiso “por anticipado”, obligándose a facilitar el “cambio” antes de conocer sus pautas…

Fuera por ingenuidad o por “querencia” a lo “semejante”, Vox invirtió los términos que aconsejaba el “tempo” político, que corría por completo a su favor, y brindó su respaldo “gratuito” y cegado por la perspectiva que suponía olfatear el “triunfo” de desalojar a Susana Díaz del Palacio de San Telmo. A partir de ese momento, ya se había creado la expectativa y además, se había exteriorizado públicamente. Ya no cabía “dar marcha atrás” en una deriva que parecía obligar a Vox a otorgar carta de naturaleza a cualquier posible mayoría de derechas. Se había sentado un nefasto precedente que todavía persigue a la formación verde, al punto de trasladarse a lo asumido como “lógico” por no pocos de los que fueron sus votantes. Los errores en política sobreabundan su efecto multiplicador y el alcance de aquellos polvos aún se hace presente en los actuales lodos…

El ninguneo, el desprecio pertinaz y su reducción a la humillante condición de instrumental “muleta” en el festín del dúo PP-Cs, han sido la tónica de estos meses para Vox. Mientras el PP le ha mostrado una utilitarista e hipócrita deferencia, mirando siempre por encima del hombro a quienes piensan ovejas descarriadas condenadas a reingresar en el redil, Ciudadanos ha hecho gala de una arrogancia intolerable, dispensándoles tratamiento de “apestados” y sometiéndoles a continuados desaires.

Al respecto, la sinuosa figura de Rivera cobra protagonismo especial. Condicionado por sus múltiples “servidumbres” y mostrando un fariseísmo de manual, se ha empecinado en representar un sainete permanente en que lo único que le ha faltado es preguntar “¿Vox? ¿Quién es Vox?”.

El partido de Abascal y compañía que, como queda dicho, no ha andado muy fino a la hora de jugar sus cartas, tiene ante sí un reto de complicada solución. O mantiene los órdagos que ha planteado, con el riesgo añadido de que si los lleva hasta las últimas consecuencias, “el sostenella y no enmendalla” puede volvérsele en contra incluso con parte de su gente; o asume definitivamente el papelón que le han reservado sus “socios” y se convierte en el resignado “pagafantas” de la parejita, con Rivera exigiendo que la suya sea… ¡de naranja!.

PALMERAS EN EL DESIERTO

Acaso el título de este epígrafe llame a confusión al lector induciéndole a pensar que vamos a introducir en nuestra reflexión un asunto relacionado con la jardinería, más concretamente con una planta que inevitablemente evoca parajes tropicales y exóticos… Nada más lejos de la realidad.

Las “palmeras” a que nos referimos son muy otras. La agrupación electoral capitaneada por Podemos, en su desmedido afán de “feministizar” su mensaje hasta el extremo, se presentó a los comicios bajo la marca “Unidas Podemos”. Pues bien, la nueva situación derivada de los resultados electorales cosechados por las formaciones en liza les ha reservado el rol (no precisamente estelar) de palmeras (y palmeros…) del PSOE de Pedro Sánchez. Porque esa y no otra es la función que cumple desempeñar a Pablo Iglesias y sus huestes en el nuevo escenario. Y puesto que por propia iniciativa y enfática exaltación de la perspectiva “de género”, se proclaman como “ellas” en clave feminista, palmeras ha de ser su “título”…

La ostentosa “exhibición” al comienzo de la “carrera electoral”, de la baja por paternidad de Iglesias, (a la sazón el mejor activo con que cuenta la coalición, pese a su evidente declive), obligó a empuñar el timón a su pareja, Irene Montero, lo que a despecho del postureo feminista, deja entrever esa pulsión de Casta endogámica (y hasta dinástica), tan paradójicamente recurrente en las formaciones de extrema izquierda. Eso unido a la “dacha” de Galapagar, conforman un cuadro tan familiar (nunca mejor dicho…) como incongruente entre quienes se postulan defensores de los desfavorecidos y enemigos de los privilegios (de los de los demás, claro…). Inevitable siempre en estos casos, rememorar el viejo chiste del comunista, el reparto y la bicicleta…

El desastroso desempeño como lideresa de Montero al frente de “las moradas” (a las que estaba haciendo pasar las ídem, en términos de expectativas electorales), obligó al apresurado retorno del macho alfa podemita. “Vuelve el hombre” debieron pensar, entre apesadumbradas y aliviadas, las muy feministas huestes, mientras flotaba en el ambiente un viejo anuncio de colonia que hoy sería fulminantemente proscrito por la mojigatocracia que “ellas” encarnan destacadamente, en forma de guardianas de la corrección política y totalitaria policía del pensamiento.

Lo cierto es que la vuelta del jefe de filas permitió recobrar el resuello de Unidas Podemos. Su “providencial” intervención durante los debates televisados en modo “Fray Iglesias”, logró contener la caída libre que había propiciado su compañera y levantar tímidamente el vuelo, al menos para “salvar los muebles” y evitar la dolorosa irrelevancia a que parecían abocadas. Sin duda, su mayor acierto fue lograr transmitir a su electorado, en franca desbandada en esos momentos, el mensaje de que la única posibilidad que haría posible al futuro gobierno Sánchez implementar “políticas de izquierda”, radicaría en el apoyo, la presión y la vigilancia que pudiera ejercer su grupo.

Tampoco resultó baladí el affaire de “las cloacas”, que Iglesias rentabilizó con tino, proyectando la imagen de “perseguido” por los “poderes fácticos”, lo que indujo la consiguiente eclosión de victimismo, infalible tácticamente en sus nichos de referencia.

Cosa distinta es la aceptación del conjunto de su “mensaje” entre los viejos comunistas “pata negra” (“rara avis” en vías de extinción, incluso en el seno de las propias organizaciones tituladas comunistas…), constreñidos al papelón de sufridos “compañeros de viaje” (las vueltas que da la vida…) y obligados a tragar la pose de jacobinismo cosmético y el discurso pequeñoburgués pergeñados por el líder. Lejos quedan las ensoñaciones bolcheviques, el “obrerismo” y la mística revolucionaria, para ir a dar con los huesos en un proyecto demagógico y en el fondo… ¡socialdemócrata!

Lo peor para Iglesias y sus compañeras/palmeras vino después. Tras contener a duras penas la debacle en las Generales, nueva decepción en las europeas, autonómicas y locales. Entre la tendencia inexorable a la baja, el “miedo a la Derecha” alentado por Sánchez (con la inevitable secuela del voto útil), y la diáspora de las famosas “confluencias” (concurriendo en las mismas circunscripciones varias listas, necesariamente enfrentadas, dando lugar a una “sopa de letras” interminable e indescifrable para el elector), la resultante no podía ser otra que un “río revuelto”, en el que a los “pescadores” del PSOE tan solo les restaba aguardar apaciblemente el momento de rebañar su “ganancia”… Condenadas a la irrelevancia en localidades y territorios donde no ha mucho tiempo fueron decisivas, a las palmeras podemitas el viento se les ha vuelto en contra y amenaza hecatombe a corto plazo. Donde antes hubo agua, prados verdes y cosechas abundantes, ahora únicamente se vislumbra desierto y más desierto…

En clara situación de debilidad le toca ahora a Iglesias lidiar con un Sánchez eufórico y engallado, que en las primeras escaramuzas ya se ha encargado de pararle los pies y advertirle que no lo quiere ver en “su” Gobierno “ni en pintura”… Iglesias es conocedor de que la única empatía que es capaz de dispensar Sánchez tiene como exclusivo destinatario a… Sánchez. Y cuando ha intentado forzar la mano y, como acreditado tahúr, echarse el farol de una negativa a investirlo en la primera convocatoria, se ha encontrado con la amenaza de unas nuevas elecciones que, en las actuales circunstancias, resultarían demoledoras para su formación, para él mismo y para su ya discutido liderazgo. Así pues, conoce de primera mano el papel que, salvo “milagro”, le aguarda en el libreto previsto por Sánchez: la mayordomía de las palmeras (y palmeros), con distintivo morado, eso sí…

En fin, Unidas Podemos, pese a ser utilizadas como aterrador espantajo “bolivariano” por sus adversarios, no dejan de ser nítida ejemplificación de izquierda “indefinida”, “divagante” y hasta “extravagante”, según la ya “clásica” taxonomía de las izquierdas elaborada por Gustavo Bueno. Aunque a estas alturas cabría preguntarse si las nociones de izquierda y derecha tienen aún contenido real o no son más que polvorientas etiquetas con intencionalidad sugerente; a la postre, otra impostura del Sistema del que las moradas palmeras, con todos los “honores”, forman parte…

 COCODRILOS AL ACECHO

El neofeudalismo patrio, esa colección delirante de renegados ultramontanos, golpistas supremacistas con complejo de inferioridad, filoterroristas recauchutados en ultrademócratas, seudocomunistas periféricos de baratillo y demás ralea independentista, a semejanza de los cocodrilos apostados en el río Mara (ese que todos conocemos a través de los múltiples documentales rodados al efecto), permanece como estos; acechando con las fauces abiertas para engullir a las presas. En el caso de los reptiles del Mara, a la espera del cruce de las manadas de ñus, cebras, antílopes y otras especies, obligadas al paso del caudaloso cauce en la época de las grandes migraciones, motivadas por la necesidad de encontrar nuevos pastos durante la estación seca. En el caso de nuestros cocodrilos neofeudalistas, emboscados en tanto el político de turno, con los escrúpulos justos, la honestidad extraviada y enarbolando el único “principio” de asegurarse la supervivencia en el cargo, aparece en su derredor suplicando su apoyo parlamentario a cambio de saquear en su favor el erario público impunemente, entrar en componendas inasumibles a corto plazo y obsequiarles con vergonzosas cesiones de nuestra Soberanía. Todo ello como consecuencia de la disparatada arquitectura estatal dimanante de la Constitución vigente y rematado por una malhadada ley electoral, absurda e injusta, que quiebra el elemental postulado democrático “un hombre, un voto”, hace votar a las hectáreas en detrimento de las personas, y prima simultánea y torticeramente a las opciones separatistas periféricas y a los grupos “mayoritarios” (léase bipartidismo); por un lado, con el establecimiento de unas circunscripciones “antinaturales”, de cara a estructurar una representación nacional; de otro, con una fórmula de listas cerradas, que propician la degeneración del sistema democrático en pura partitocracia, al sustituir la libre voluntad del elector por la del partido; y por último, con un criterio en la adjudicación de escaños que vulnera la intención del votante, empleando para ello un falaz modelo acumulativo de sumas de “restos” que provocan una adulteración intolerable del resultado final, haciendo que unos escaños sean infinitamente “más baratos” que otros en lo que a número de sufragios se refiere, no ya sólo con diferencias siderales entre circunscripciones, sino incluso dentro de la misma circunscripción. Conclusión: un Sistema pervertido en esencia, gobernado por una partitocracia premeditadamente bipartidista y condicionado de facto por las tendencias secesionistas de manera decisiva. PSOE y PP, juntos y por separado, con un egoísmo rastrero y cortoplacista, sin ninguna altura de miras o sentido de Estado, con la exclusiva pretensión de evitar la emergencia de alternativas que pudieran perturbar su oligopolio, han mantenido contra toda lógica y consideración ética, una entelequia radicalmente corrupta y corruptora cuyas criminales consecuencias han colocado en situación de riesgo extremo la propia supervivencia de la Nación.

En la presente coyuntura, para cuando Sánchez y su troupe se apresten a cruzar el “foso” de la Investidura, allí estarán al acecho nuestras “alimañas de guardia”, chapoteando con impaciencia, con los hocicos empinados y las mandíbulas abiertas de par en par, dispuestas a hacer presa en todo lo que se mueva en sus cercanías.

EN EL PÁRAMO. EL ESPECTÁCULO DEBE CONTINUAR

Siendo la nuestra una pantomima de democracia tampoco cabe esperar cosa distinta que unos representantes a la “altura” del Régimen: liderazgos “low cost” y líderes de “usar y tirar”. La “foto de familia” de los dirigentes políticos españoles bien pudiera ser la secuela de una orla de promoción de colegio transcurridos veintitantos años. Todos cortados por un mismo patrón. Y no solamente en su apariencia; peores aún son las semejanzas clónicas (si nos atenemos al “trasfondo”), que revelan los respectivos planteamientos y comportamientos. Son la nueva y depurada creación del Sistema: políticos líquidos, biodegradables, intercambiables. Un insoportable “más de lo mismo”. Tanto daría que encabezaran uno u otro partido; nadie notaría la diferencia… Y en este escenario de supina mediocridad siempre se impondrá… el más mediocre. Es decir, Sánchez. “Primus inter pares”, diría un clásico (además de optimista).

Salvo que Pedro Sánchez decida lo contrario convocando de nuevo Elecciones Generales (lo que no es en absoluto descartable), comenzará en breve la singladura de un Gobierno que, a tenor de lo visto hasta ahora, no invita precisamente al optimismo. Un completo inepto al frente del mismo, rodeado de “ilustres” medianías. Por si eso no bastara, crecido por su triunfo y dispuesto a demostrar quien es… Y para rematar, mediatizado por sus posibles “socios”.

Con semejante panorama se podría prever una legislatura corta. Pero la correosa resistencia mostrada por Sánchez a abandonar La Moncloa, cuando estaba en situación precaria, inclinan a presagiar un empeño numantino por mantenerse en el cargo a toda costa.

Si la hoja de ruta pasa por la desmañada colección de ocurrencias y “brindis al sol” que han acompañado su anterior etapa al frente del Ejecutivo, la zozobra (económica y política) está garantizada. El “dontancredismo” vale para salvar “in extremis” el resultado de unas elecciones donde los competidores demuestran ser tan torpes como uno mismo, pero no constituye aval para gobernar un país con graves problemas como los que hoy tiene España, que no se resolverán ni desenterrando a Franco ni pasándole la mano por el lomo a los independentistas. Tampoco continuando el saqueo de las arcas públicas para tapar la boca a los díscolos, o entregando parcelas de poder e influencia a los eventuales apoyos parlamentarios.

España necesita en esta hora un Gobierno serio, consciente y responsable. Con sentido de Estado y capacidad de gestión. Con el grado de firmeza necesario para afrontar los desafíos y la generosidad precisa para colocar los intereses del conjunto de la Nación por encima de bastardos réditos partidistas. Con valor suficiente para acometer las profundas rectificaciones que, con carácter urgente, se precisan en los ámbitos nacional e internacional, recobrando cuotas de Soberanía que jamás hubieran debido entregarse a instancias exteriores o interiores. Con la solvencia imprescindible para recuperar nuestro prestigio ante el resto de naciones. Con determinación para impedir las invasiones migratorias y la vulneración de nuestras fronteras. Con un espíritu resuelto para modificar cuanto cumpla hacerlo, las estructuras económicas hasta alcanzar un grado de justicia social acorde con las necesidades de nuestro pueblo.

No es este el rango de desempeño del nuevo Gobierno que se vislumbra en el horizonte. Más bien al contrario.

Las patéticas esperanzas que albergan ciertas “élites nacionales”, radican en la limitada capacidad de maniobra con que pueda contar el Ejecutivo, mediatizado decisivamente por el férreo control ejercido por la Unión Europea y por el poder en la sombra de los Mercados. Pavoroso cipayismo mental…

Las encrucijadas que tiene planteadas España no obtendrán respuestas válidas ni desde ni gracias al Sistema, porque son precisamente su lógica y sus dinámicas las que las generan…

El paisaje político que se dibuja ante nuestra mirada es un páramo desolado y desolador. Con un Cártel indecente viviendo a nuestras expensas mientras nuestros destinos los rigen “otros”, moviendo los hilos de sus títeres desde la penumbra. La emotiva melodía “El espectáculo debe continuar” (The show must go on), del legendario grupo “Queen”, podría servir como melancólica banda sonora de esta deriva que parece ineluctable, a menos que… ocurriera lo “impensable” y abriéramos los ojos a la realidad.

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