Ladran, luego cabalgamos

“… Si no buscas más odio que el odio que te tengan…” (Rudyard Kipling, de su poema “If”)

POSMODERNIA ha sido víctima de un ciberataque alevosamente perpetrado contra ésta web durante el pasado fin de semana. No es el primero, aunque ha sido el que ha revestido mayor gravedad hasta el momento. Acaso tampoco sea el último que suframos. Por fortuna, nuestro Equipo Técnico ha sido capaz de conjurar el peligro y restablecer el servicio con celeridad. Aprovechamos estas líneas para agradecer las numerosas muestras de apoyo y solidaridad que hemos recibido y seguimos recibiendo.

El gran Antonio Machado dedicó en 1.938 un desafortunado soneto (indigno de su extraordinario talento), a Enrique Líster, “Jefe en los ejércitos del Ebro” (sic), cuyo verso más conocido reza “Si mi pluma valiera tu pistola…”. Enmendándole la plana al eximio autor de “Campos de Castilla” o “Soledades”, en este 2.019 que empieza a declinar escribiríamos: “Vuestra ciberpistola nunca valdrá nuestra pluma…”. Sería nuestra especial dedicatoria para aquél (o aquellos) que han intentado “matar” a POSMODERNIA, silenciarla para siempre, “disparándole” por la espalda, a traición, arteramente emboscados en “la red”.

En este tiempo de la Modernidad agonizante hasta el asesinato se ha tornado impersonal y aburguesado. Se mata a distancia, por control remoto; con drones o misiles teledirigidos. Un tipo sentado ante una pantalla pulsa un botón y se consuma la tragedia. Con herramientas digitales e informáticas. Las mismas que chapuceramente han utilizado contra nosotros. Un paraíso para cobardes perturbados.

“Hay seres de los que no se concibe cómo llegan a caminar sobre dos piernas, aunque eso no signifique mucho”, decía Schopenhauer. Algo parecido podría pensarse de los desaprensivos descerebrados que han intentado cerrarnos la boca. Por si no se dieran por aludidos, quizá resultara más asequible para sus limitadas entendederas recurrir a una imprecación directa, que tomaremos prestada a Melchor de Palau: “Eres tonto de noche, tonto de día, tonto por la mañana y al mediodía: se me olvidaba que también eres tonto de madrugada”.

Parece que POSMODERNIA molesta. De ahí la reiteración en los ataques. Puede que ese sea el precio a pagar por nuestra insobornable independencia, por nuestra honestidad intelectual, por nuestra originalidad deliberada e irrenunciable. No nos debemos a nadie, ni respondemos más que ante nuestras conciencias. Hemos medido con idéntico rasero a tirios y troyanos. Iniciamos un camino que no hemos enmendado, pese a los cantos de sirena que se nos han susurrado. Ni nos lucramos, ni nos beneficiamos pecuniariamente con este proyecto. No hemos comparecido públicamente para “pasar el rato” ni para paliar un vacío existencial signado por el aburrimiento. Cuantos nos embarcamos en esta aventura la entendemos como una obligación moral. Cuestión de principios. Por eso no nos dejaremos avasallar, vengan vientos o azoten tempestades.

Siempre fue arriesgado nadar contra la corriente y disentir de lo políticamente correcto. Afrontar la ingrata tarea de señalar las contradicciones y las líneas de fractura de una etapa histórica en fase crepuscular. Actuar como infatigables agitadores de mentes y corazones ante una sociedad narcotizada, despersonalizada e inerme frente al Leviatán totalitario de la Globalización. Trazar las coordenadas de un pensamiento alternativo e integrador. Pero lo hemos hecho hasta ahora y lo seguiremos haciendo. Con elegancia, con rigor, sin estridencias histriónicas ni imposturas prefabricadas. Con naturalidad y desdén hacia el oropel y el halago fácil. Así somos y así queremos permanecer.

Y aquí estaremos, imperturbables. Tomando metafóricamente como ejemplo a los soldados de aquél Tercio Viejo del Milagro de Empel, nos clavamos al terreno y respondemos a la adversidad: “Ya hablaremos de capitulación después de muertos”. Sin odio ni resentimiento, porque recordando a Chesterton “El verdadero soldado no lucha porque odia lo que tiene delante, sino porque ama lo que tiene detrás”.

A lo lejos se escucha el rumor de los ladridos. Claro que ladran. ¿Qué otra cosa cabría esperar?. Son perros…

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