La baja natalidad y la creciente desestructuración familiar

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La soledad es uno de los peores efectos de la baja natalidad y la creciente desestructuración familiar: ahora tenemos menos de la mitad de niños por español que en 1970 , más de la mitad de los españoles ya no se casan nunca en su vida, y una gran parte de los matrimonios y parejas de hecho se rompen.
En 1970, en los tiempos de la España de la serie “Cuéntame”, menos de un español de cada 50 vivía solo. Ahora, más de uno de cada 10. Si entonces el 52% de la gente convivía con 4 o más personas en el mismo hogar, ahora ese porcentaje es de solo el 12%. El número medio de personas por hogar ha pasado de 4,9 en 1970 a 2,5 en 2017. Hay cosas en las que vivimos mejor ahora. Pero en algo tan importante como el calor humano y la compañía de familiares.. ¡ cuánto hemos perdido! (Y seguimos empeorando).

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El aumento de la soledad y la reducción del número medio de personas por hogar (de 3,9 personas en 1970 a 2,5 en 2017 en España. Y en otros países desarrollados, algo parecido), no solo entraña consecuencias afectivas (especialmente en la madurez. También en la infancia, por escasez o ausencia de hermanos, algo tampoco ideal en el proceso de formación de los niños), sino también nos quita renta per cápita efectiva, porque en los hogares más poblados se comparten costes de todo tipo, y hace falta menos gasto por persona para un mismo nivel de vida material. Es otra consecuencia del proceso de suicidio demográfico, que se ha “comido”, por esta razón, una parte del incremento teórico de renta per cápita de las últimas décadas.

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