El apellido de la democracia

Siempre fue el sueño de una noche de verano, o la siesta de un fauno, nunca realizado pero anhelado por algunos o por muchos, sobre todo desde la condena al comunismo, al horror y a la maldad que supuso la Segunda Guerra Mundial para una gran parte de la población europea. Después, inspirado en las bases teóricas y primeros logros prácticos de Bismark, el Falangismo, Franco y Keynes, se arbitró para la derrotada Europa occidental, con dinero USA (Marshall), un gigantesco sistema de beneficencia colectivista camuflada: el Estado del Bienestar. La coyuntura se celebró como el gran triunfo de la Democracia en logrado cumplimiento de la teoría del “destino manifiesto” yanqui. Sólo faltaba decorarla con solemnes encomiendas a la Libertad, las libertucias y las libertancias, los Derechos dimanados de cualquier necesidad que surgiera, y la Justicia con pocas vendas en los ojos (Nuremberg fue la primera payasada). Así se hizo.

El éxito obtenido, en cuanto a Democracia se refiere, devino variopinto y a menudo grotesco: el Pacto Fiscal (antiguo objetivo primordial ya desde las primitivas Cortes medievales: ¿cuánto y con qué fin está legitimado el Señor a disponer a su antojo de la Hacienda de sus Siervos?) no fue nunca ni siquiera abordado y el Estado de Derecho siguió siendo un mero medio y nunca un fin. La arbitrariedad y la corrupción seguían por tanto constituyendo el núcleo duro del Poder. Pero ahora, al travestir a los Siervos en falsos presuntos Señores y subyugar la Justicia al servicio de intereses “superiores”, por muy falaz y ridículo como resulta ser en realidad, la Democracia, ya convertida en referencia religiosa y omni-argumentativa (el bien común, las prestaciones sociales, la redistribución de la riqueza, el respeto a las peculiaridades y otro sinfín de infinitos trampantojos), se erige en sustento incuestionable de todos los desmanes. El “discurso”, el “relato”, queda definitivamente expropiado: todo cuanto te hago sufrir es por tu propio bien (la vieja cantinela de siempre con nuevos collares). Eres un sujeto, pero con la identidad que yo te ordene.

Los intentos de realización práctica de esa utopía democrática han tenido mayor éxito en dos países creados ex novo al margen de estructuras políticas previas: los Estados Unidos de América (cuya creciente y dominante deriva despótica hacia la endogamia de varias grandes familias de sangre y de intereses, está siendo corregida en una medida considerable por el Presidente Donald Trump) y el Estado Judío de Israel (cuya arriesgada apuesta por la proporcionalidad sin correctivo alguno, ha logrado una cohesión social sin precedentes, precisamente por la relevancia pública de las voces discrepantes). Del resto de aproximaciones hablaremos en otro momento. Baste decir aquí que son muy superiores los debes que los haberes: más fallidos que nueces. Y como ejemplo de fracaso, citar muy de pasada, el elefantiásico engendro de Bruxelas: un monumento a la anti-democracia que desprecia al ciudadano y, según ellos, con razón.

En España, la Democracia traída por los tardo-franquistas en 1976 y refrendada en la Constitución de 1978, ha intentado desde el principio darle a su cuerpo alegría y cosa buena. Y ha tenido un novio de apellido Villarejo. Este galán y otros de la misma mara, han custodiado y propiciado generosamente cuantos excesos convinieran. De la Corona hacia abajo, todos inclusive. Los ya conocidos (una motita de arena de un desierto pestilente) son fiel muestrario de respeto y lealtad contra España: Corina, Felipe Gonzalez, Bárcenas, Cospedal, Rajoy, Dolores Delgado, etc. Unos pocos ejemplos de la historia interminable que todavía está por ser narrada. Sus consecuencias levantan vuelo a diario. Hoy.

Sabido o intuido que Mariano Rajoy dio la espantada ante el terror al cabreo cantarín de Villarejo, y entregó el Gobierno a los “bolivarianos” sin el menor reparo para salir por pies, nos enteramos que “boca hueca” Pablo Casado, su sucesor, se rinde en toda línea infame y cede el Poder Judicial a “necrófagos” y “podemitas”. <<Quítame este Juez de aquí para que vaya mejor la Gurtel, que la mujer de Bárcenas no entre en prisión y ahora ponme este otro aquí para que no se contemple rebelión en el juicio a los golpistas catalanes y así te sea más fácil indultarlos, y ya ves, todos contentos. Yo me quedo con la Presidencia, simbólica eso sí, y tú con el Poder real de 11 vocales a 9 pánfilos. Así todos contentos. ¡Ah! Y los traidores son siempre los demás.>> En el PP, como la saga viene de antiguo, ya se sabe que la cabra al monte tira. ¡Como para fiarse de ellos!

Pero la pregunta es: ¿Qué encantos atesora Villarejo para mantener viva la llama de este apasionado romance sin final con su novia Democracia-78?

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