Filosofía

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El mito tenebroso de la Cultura

El mito tenebroso de la Cultura

La Idea de «Cultura», con mayúsculas -esto es, como Idea-clave, Idea-fuerza, Idea- cúpula- la inventaron los alemanes con la peculiaridad metafísica que les caracteriza. Fue una Idea que se incubó en las universidades de los políticamente desunidos Estados alemanes -y que ganaría prestigio tras la unificación política de la nación canónica alemana- por profesores como Herder, Fichte, Dilthey, Windelband, Rickert, Ostwaldt, Frobenius, Spengler, Cassirer y por supuesto, como el que más, Hegel, para el cual la Cultura es el momento inmanente del Absoluto «y expresa su valor infinito»

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Dialéctica de clases y dialéctica de Estados

El materialismo filosófico rechaza la Idea de Humanidad, tal y como fue interpretada por el comunismo internacional («el Género Humano es la Internacional», se canta en el himno de la Internacional) y tal y como es interpretada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, y postula que la llamada Humanidad no es el sujeto de la historia, sino son más bien las diferentes sociedades políticas distribuidas por el planeta en desigual crecimiento y desarrollo y en continua disputa por recursos y materias primas las que llevan a cabo el desarrollo histórico.

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El mito de la revolución mundial

La revolución mundial suponía la revolución en los países americanos y en los europeos y sus colonias, pues la emancipación de éstas sólo sería posible a través de las revoluciones proletarias en las metrópolis. De modo que la ideología de la revolución mundial se presentaba como la oposición al imperialismo; y para más señas contra el imperialismo depredador, fundamentalmente el británico, es decir, la primera potencia industrial, militar y capitalista: y por entonces no había mayor enemigo para el internacionalismo proletario. Asimismo, los socialdemócratas rusos pensaban que al romperse el eslabón más débil de la cadena imperialista (el Imperio Ruso) la revolución se pondría en marcha en la metrópolis de los diferentes Imperios, es decir, de los Imperios capitalistas avanzados (que venían siendo un ejemplo de lo que en la terminología del materialismo filosófico denominamos imperialismo depredador).

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La Idea filosófica de Imperio

La Idea filosófica de Imperio es diametralmente opuesta a la Idea apolítica de Género Humano, como se plantea desde el anarquismo (o incluso desde el comunismo tal y como se canta en el ya citado himno de la Internacional al referirse a la misma como el Género Humano). La esencia del Imperio rebasa el Estado y su justificación efectúa un regressus a formulaciones metapolíticas (sean filosóficas, teológicas o incluso biológicas, como era la raza aria en la Alemania nazi).

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¿Marxismo o Marxismo-Leninismo?

Porque el marxismo sin el leninismo no sería materialismo, sino puro idealismo o puro voluntarismo. Vendría a ser algo así como una ONG; o una mitología tenebrosa; o simplemente una buena voluntad ingenua altermundista; o un sueño dogmático; o, si se prefiere, un flatus vocis o papel mojado, la edificación de castillos en el aire: una utopía o un pensamiento infantil (Pensamiento Alicia).

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La confusión totalitaria

El totalitarismo es un fenómeno político de primera magnitud que recorre las devastadoras y terroríficas décadas centrales del siglo XX, un siglo convulso y violento como pocos en la historia. Es por ello que creemos adecuado realizar un pequeño análisis sobre este fenómeno, que consideramos importante para entender todavía nuestro presente histórico.

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La confusion totalitaria 2

No hay totalitarismos sin un líder totalitario, dice Arendt. Y es que el totalitarismo, tal y como lo analiza la filósofa, es un fenómeno complejísimo en el que tienen lugar muchos elementos: las masas, disolución de las clases existentes, atomización, dominio, terror, ideologías… Sin embargo «nada resulta más característico de los movimientos totalitarios en general y de la calidad de la fama de sus dirigentes en particular como la sorprendente celeridad con la que son olvidados y la sorprendente facilidad con que pueden ser reemplazados»

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Ciorán o el Deseo de la Verdad

Emil Cioran nació en Rumania el 8 de abril de 1911, en el pueblo de Rasinari, en la Transilvania de la monarquía austrohúngara. Su padre, Emilian, fue un pope miembro prominente de la comunidad ortodoxa de Rasinari y su madre, Elvirei, era originaria de Venetia de Jos. En su obra y sus entrevistas, Cioran reconoce que su infancia fue feliz, corriendo y jugando en lo que él denominó un paraíso, rodeado de la paz sublime de los Cárpatos. A pesar de una niñez mágica, el mismo Cioran reconoce que, desde entonces, su personalidad estaría marcada por la tristeza y la melancolía: En efecto soy unzufrieden (depresivo, descontento), pero siempre lo he sido, y éste es un mal del que siempre hemos padecido en nuestra familia, atormentada, ansiosa.

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