Artículos de este autor: José Vicente Pascual

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Utopías

Utopías

La realidad es incierta porque la observamos y la interpretamos. Nada produce más desazón que pensar una naturaleza absolutamente objetiva, sujeta inapelablemente a las leyes de la física, exacta y fatal en el sinsentido de ser sin la presencia externa de la conciencia capaz de percibirla y, en la medida de sus posibilidades, explicarla.

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Reseña de “El abismo democrático”

Propone Javier R. Portella la “construcción” de un mito moderno —o modernizado—, que otorgue sentido al magma de feroz individualismo, soledad y prozac —por no mencionar otros “estabilizadores” emocionales—, en el que habita desnudo el sujeto ciudadano occidental desde hace muchas décadas.

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Cebras de paso

Cuando, en tiempos ya lejanos, la única expresión poética posible se enclaustraba en reglas obligatorias llamadas “métrica”, la declamación era un arte a veces delicioso y a menudo pimpolludo, tirando a ridículo. Cuando el verso libre impuso la evidencia de que una cosa es la música y otra el pensamiento y la emoción —y por más que quisiéramos, no pensamos ni sentimos conforme a las leyes del pentagrama—, la poesía, la moderna poesía, se convirtió en un género literario mayor de edad, para recogimiento y complicidad del lector.

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Reseña de “La noche en que puede haber visto tocar a Dizzy Gillespie”

Recordar es reconstruirnos con la cordura que nos faltaba y sin la pasión que nos sobraba. Eso es justo lo que hace Antonio Tocornal en su notable, memorable novela La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie. Cuando París era París, más o menos la capital mundial de la cultura (pongamos a esa cultura todas las comillas que nos apetezca), un joven graduado en Bellas Artes, español por más señas, sumerge su existencia en la vorágine de la vida bohemia de la rive droite, entregado a una búsqueda cuyo objeto parece siempre importante pero nunca urgente.

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Naturalezas agotadas

A vueltas con la evidencia de siempre, señalada por el filósofo (concretamente Nietzsche) hace siglo y medio: “Las naturalezas agotadas necesitan continuos estímulos para sobrevivir”. Es el mal del pensamiento contemporáneo en estas latitudes y longitudes de la civilización humana: no hay, sensu estricto, pensamiento.

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Adefesio y poder

No hay discurso sobre la democratización de la cultura que no entrañe la aniquilación de la misma cultura y su suplantación por un discurso estético infantil y consagrado al beneficio común de lo grosero. El último ejemplo de esta monstruosa pretensión, en España, ha sido la fechoría perpetrada entre una ignorante —y por tanto osada—, vecina de Rañadorio (Tineo, Asturias), y un estúpido cura de pueblo, quienes son responsables materiales de la pretendida restauración de una hermosa talla románica y su transformación en un colorido esperpento de feria.

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Cuando la economía participativa revienta el mercado

Uber, Cabify, Blablacar, Airbnb … nacieron como plataformas digitales de economía participativa, una iniciativa popular y “progresista” que evitaba los abusos, malas prácticas y precios prohibitivos de los oligopolios del transporte, el turismo, etc. Al mismo tiempo, se generaban razonables beneficios para gente sencilla, la cual nunca habría encontrado la manera de sacar buen provecho a la posesión de un piso antiguo en una gran ciudad o, sencillamente, un humilde vehículo.

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Igualdad, ¿para qué?

La igualdad de los seres humanos es un postulado doctrinal de raíz judeocristiana, y un valor ideológico-político burgués. Alain de Benoist es especialmente crítico con el cristianismo (“el comunismo de la antiguedad”), al que considera germen del igualitarismo y el universalismo y, por tanto, motor ideológico de los fenómenos totalitarios del siglo XX. Los conceptos de clase (marxismo) y raza (nacionalsocialismo) son para Benoist, factores homogeneizantes, indiferenciadores e igualitaristas.

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